Las redes fantasma son redes de pesca que se han perdido o que han sido abandonadas por los pescadores. Estas redes flotan en el mar o acaban enganchadas a una roca u otra estructura. Esto supone un problema, porque las redes siguen funcionando. Los peces y otros animales quedan atrapados y luego mueren de hambre o por otras causas. Como la mayoría de las redes utilizan plástico, tardan mucho en descomponerse. Además, las redes pueden liberar sustancias tóxicas mientras se descomponen.

Desde 1997, hay un gran montón de plástico flotando en el Océano Pacífico, de cientos de kilómetros de ancho. La gente solía pensar que estaba formado por trozos de plástico que habían sido arrojados por la gente común, pero en 2018 los científicos descubrieron que se trataba en su mayoría de redes de pesca perdidas y otras herramientas de pesca de los grandes barcos pesqueros.

¿Por qué se pierden o abandonan las redes?

Las redes y otros aparejos pueden perderse por varias razones: mal tiempo que rompe o suelta el equipo, enganches en fondos rocosos, colisiones, prácticas de pesca descuidadas o deliberadas (p. ej., dejar redes para ahorrar tiempo), y fallos en el seguimiento y almacenamiento. En la pesca industrial, la complejidad de las operaciones y la distancia hacen más probable la pérdida de grandes cantidades de aparejos. A esto se suma la falta de sistemas universales de marcado y recuperación del equipo.

Impacto en la vida marina

Enredo y muerte directa: las redes fantasma continúan pescando de forma indiscriminada, un fenómeno llamado ghost fishing. Tortugas, aves marinas, mamíferos marinos, peces y crustáceos quedan atrapados y suelen morir por asfixia, heridas o inanición.

Daño al hábitat: las redes que se arrastran por el lecho marino dañan los arrecifes de coral, praderas de posidonia y otros hábitats sensibles, reduciendo la capacidad de esos ecosistemas para recuperarse.

Microplásticos y contaminantes: a medida que las redes plásticas se degradan liberan microplásticos y sustancias químicas que pueden ser ingeridas por organismos marinos y bioacumularse en la cadena trófica, con riesgos para la salud de especies comerciales y humanas.

Consecuencias ambientales, sociales y económicas

  • Pérdidas para la pesca sostenible: la captura fantasma reduce poblaciones de especies objetivo y sube los costes para pescadores responsables.
  • Afectación al turismo y comunidades costeras: playas y zonas de baño contaminadas y la pérdida de biodiversidad afectan economías locales.
  • Carga de limpieza y gestión: retirar redes perdidas es costoso y requiere equipos especializados.

Qué se está haciendo y soluciones posibles

Existen múltiples enfoques complementarios para prevenir y remediar el problema:

  • Prevención: mejorar el diseño y marcado de los equipos (etiquetas con identificación, GPS en aparejos), formación de la tripulación y buenas prácticas de manejo para reducir pérdidas.
  • Recuperación: programas de localización y retirada de redes mediante embarcaciones especializadas, buzos, ROVs (vehículos submarinos no tripulados) y coordinación con autoridades portuarias.
  • Innovación en materiales: desarrollo de redes con materiales parcialmente biodegradables o que se degradan más rápido y reducen la duración del daño, siempre evaluando efectos secundarios.
  • Gestión y políticas: normas que exijan marcado de aparejos, registros de pérdida, instalaciones portuarias para la recepción y reciclaje de redes viejas, y marcos legales que faciliten la recuperación y sancionen el abandono.
  • Economía circular: programas de reutilización y reciclaje de redes para convertirlas en nuevos productos y reducir la demanda de plástico virgen.
  • Cooperación internacional: iniciativas como la Global Ghost Gear Initiative (GGGI) y directrices de la FAO promueven coordinación entre países, ONG, industria y científicos.

Qué pueden hacer los pescadores y la sociedad

  • Pescadores: marcar y registrar el equipo, usar dispositivos de localización, seguir prácticas de reparación y almacenamiento correctas, y reportar pérdidas inmediatamente para facilitar su recuperación.
  • Autoridades: implementar sistemas de seguimiento, exigir planes de gestión de aparejos y ofrecer incentivos para la devolución y reciclaje de redes.
  • Consumidores y público: apoyar pesca responsable (certificaciones), reducir el consumo de plásticos de un solo uso y participar o donar a programas de limpieza y recuperación de aparejos.
  • Investigación y tecnología: promover estudios sobre materiales alternativos, técnicas de recuperación más eficientes y seguimiento vía satélite o drones.

Ejemplos de buenas prácticas

  • Campañas locales de retiro de redes con la colaboración de ONG y autoridades portuarias.
  • Proyectos de reciclaje que transforman redes recogidas en fibras para ropa, asientos o materiales de construcción.
  • Programas de incentivos y recompensas por la entrega de redes usadas o recuperadas.

Conclusión: las redes fantasma son una amenaza significativa para los océanos, la biodiversidad y las comunidades que dependen del mar. Sin embargo, mediante la combinación de prevención, políticas eficaces, innovación tecnológica y participación comunitaria se puede reducir su impacto y recuperar redes perdidas. Cada actor —pescadores, gobiernos, empresas y ciudadanos— tiene un papel que jugar para frenar este problema y proteger los ecosistemas marinos.