Erinome o Júpiter XXV es una luna no esférica de Júpiter. Fue encontrada por un equipo de astrónomos de la Universidad de Hawaii dirigido por Scott S.Sheppard et al. en 2000, y se le dio la designación de S/2000 J 4. Muchas de estas lunas pequeñas fueron detectadas en campañas de búsqueda alrededor de ese año utilizando grandes telescopios y detección por movimiento frente a las estrellas de fondo.
Características físicas
Erinome tiene un diámetro estimado de aproximadamente 3,2 km. Esta estimación se obtiene a partir de su brillo aparente y asumiendo un albedo típico para satélites exteriores (bajo, del orden de unas pocas centésimas). Su forma no es esférica debido a su pequeño tamaño; es un cuerpo irregular cuya rotación y forma exacta no se conocen con precisión porque es demasiado tenue para obtener imágenes detalladas con los telescopios actuales.
Órbita
Orbita alrededor de Júpiter a una distancia media de 22.986.000 km con un período orbital de aproximadamente 711,965 días. Tiene una inclinación de 164° respecto a la eclíptica (aproximadamente 162° respecto al ecuador de Júpiter), y una excentricidad orbital de 0,2552. Estos valores indican que Erinome realiza una órbita retrógrada (es decir, en dirección opuesta a la rotación de Júpiter), característica común entre las lunas irregulares exteriores.
Nombre y mito
En octubre de 2002 recibió el nombre de la mitológica romana Erinome, amante de Júpiter. La Unión Astronómica Internacional (IAU) suele asignar nombres de la mitología clásica a las lunas jovianas, siguiendo convenciones que reflejan el tipo de órbita (retrograda o prograda) y el grupo al que pertenecen.
Pertenencia al grupo Carme y posible origen
Erinome pertenece al grupo Carme, formado por lunas retrógradas no esféricas que orbitan alrededor de Júpiter a distancias que oscilan entre los 23.000.000 y los 24.000.000 km y con inclinaciones de unos 165°. Los miembros del grupo Carme comparten parámetros orbitales semejantes y presentan colores rojizos en observaciones fotométricas y espectroscópicas, lo que sugiere un origen común. La hipótesis más aceptada es que provienen de la fragmentación de un cuerpo progenitor (posiblemente un asteroide capturado) tras una colisión, dando lugar a varios fragmentos que hoy vemos como lunas pequeñas con órbitas similares.
Debido a su tamaño y distancia, Erinome y otras lunas del grupo Carme son difíciles de estudiar en detalle; su seguimiento continúa para refinar sus parámetros orbitales, medir rotación, y obtener espectros que confirmen su composición. Estos datos ayudan a entender mejor la historia de captura y colisiones en el sistema joviano.