El término original de la dinastía aparece en árabe como al-Muwahhidun, literalmente «los que afirman la unicidad divina», y en español se les conoce como almohades o «monoteístas» (tawhīd). Fueron un movimiento y luego un Estado de raíces bereber surgido en el norte de África que, en el siglo XII, extendió su dominio por gran parte del Magreb hasta zonas de lo que hoy es Libia y cruzó el Estrecho de Gibraltar para gobernar amplias provincias de Al-Ándalus, en la península Ibérica de cultura árabe.
Origen y expansión
El movimiento fue fundado por el reformador religioso Ibn Tumart, que denunció lo que consideraba desviaciones doctrinales y la laxitud moral del poder reinante (los almorávides). Tras su muerte, Abd al-Mu'min consolidó la estructura militar y administrativa, tomando Marrakech como centro y completando la conquista de amplios territorios en la segunda mitad del siglo XII.
Características políticas y religiosas
- Centralización: establecieron un poder dinástico fuerte con ejércitos profesionales y una burocracia que unificó las provincias.
- Doctrina: insistencia en una interpretación rigurosa del monoteísmo y de la ley islámica, con cierta intolerancia hacia prácticas que consideraban heréticas.
- Composición social: predominio de élites bereberes pero con colaboración de árabes y elementos urbanos andalusíes.
Legado cultural y arquitectónico
Los almohades dejaron ejemplos notables de arquitectura e ingeniería: la mezquita de la Kutubiyya en Marrakech, la Giralda de Sevilla o la Torre Hassan de Rabat son huellas de su estética sobria y monumental. También fueron mecenas de intelectuales como Ibn Tufayl e Ibn Rushd (Averroes), lo que contribuyó al florecimiento de la filosofía y la ciencia en sus dominios.
Declive y consecuencias
Tras la victoria almohade en Alarcos (1195) se produjo un breve apogeo; sin embargo, la derrota en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212) marcó el inicio de su retroceso en la península ibérica. En el siglo XIII el imperio se fragmentó bajo la presión de dinastías emergentes en el Magreb (como los benimerines o merínidas) y de los reinos cristianos en la península.
Importancia histórica
El imperio almohade fue determinante para la configuración política y cultural del Magreb y de Al-Ándalus: renovó estructuras estatales, dejó un legado arquitectónico visible hoy y moduló las relaciones entre musulmanes, cristianos y judíos en una fase crucial de la Edad Media occidental.


