Una claque (se pronuncia: 'clack') es un pequeño grupo de personas en un teatro de ópera que deliberadamente aplaude o grita abucheos a un cantante en particular. Normalmente se trata de un grupo organizado que sabe de antemano lo que va a hacer.

En el siglo XIX era muy frecuente que hubiera una claque en las representaciones de ópera. Alguien a quien le gustaba uno de los cantantes y quería que recibiera muchos aplausos pagaba a un grupo de personas para que se sentara cerca del fondo del teatro de la ópera y aplaudiera y gritara con entusiasmo cada vez que ese cantante terminaba una canción. Esto animaba al resto del público a aplaudir también con fuerza. A veces se pagaba a la claque para que hiciera lo contrario: se les decía que silbaran y abuchearan cuando el cantante hubiera cantado.

A menudo, el cantante tenía que pagar algo de dinero a la claque para que le aplaudieran. Si el cantante no pagaba, la claque silbaba y abucheaba. Esto era, por supuesto, una desagradable forma de chantaje. A principios del siglo XX, cuando el mundialmente famoso tenor Enrico Caruso se negó a pagar un soborno a la claque de Nápoles, ésta silbó durante su canto de la gran aria Una furtiva lagrima.

Los grupos de hinchas en los partidos de fútbol hacen prácticamente lo mismo sin ser pagados. El abuso de los oficiales de partido también es bastante común. Los abusos entre grupos de aficionados rivales también son habituales. Los clubes están obligados a mantener a los hinchas visitantes en secciones diferentes de las de los hinchas locales.

Origen y contexto histórico

La palabra claque proviene del francés y se popularizó en el siglo XIX, sobre todo en los grandes centros culturales de Europa como París e Italia. En aquella época la ópera era tanto espectáculo social como artístico, y la reacción del público influía en la carrera de cantantes y compositores. Las claques surgieron como una industria informal: había organizadores que reclutaban personas —a veces profesionales— para ejercer presión sonora a favor o en contra de un artista.

Cómo funcionaban y quiénes intervenían

  • Organizadores: había un responsable o jefe de claque que coordinaba los aplausos y silbidos.
  • Miembros pagados: se colocaban estratégicamente en el patio o en los palcos para que su reacción se viera y oyera con facilidad.
  • Acciones planificadas: además del aplauso y el abucheo, podían usar gritos, silbidos o golpes rítmicos para dirigir la atención del público.

En ocasiones la claque actuaba por encargo del propio artista, de su empresario o de personas interesadas en hundir la reputación de un rival. También se conocen casos en que directores de teatros empleaban claques para asegurar el éxito comercial de una función.

Casos famosos y anécdotas

El episodio de Enrico Caruso en Nápoles es uno de los más difundidos: su negativa a pagar desembocó en una humillación sonora durante una de sus interpretaciones. Hay múltiples anécdotas de compositores y cantantes que debieron ceder a pagos o pactos para que la claque favoreciera su actuación. Estas prácticas reflejaban la vulnerabilidad de la carrera artística ante la opinión pública orquestada.

Declive y regulación

Con el cambio de los hábitos culturales, la profesionalización de las compañías y el control administrativo de los teatros, la práctica de las claques fue disminuyendo a partir del final del siglo XIX y principios del XX. Muchos teatros aplicaron normas para controlar el público, mejorar la venta de entradas y reducir la posibilidad de manipulación sonora. Además, la creciente presencia de críticos y la difusión de la crítica impresa hicieron menos determinante el aplauso pago para la reputación de un artista.

Paralelos modernos

Hoy la figura de la claque como grupo pagado de aplausos es rara, pero existen prácticas similares en otros ámbitos:

  • En el deporte, los grupos de aficionados (ultras) animan y pueden presionar a jugadores o árbitros; su motivación suele ser pasión y rivalidad, no pago directo.
  • En política o en actos públicos, hay casos de pago o coordinación de público para aplaudir o abuchear a oradores.
  • En internet, fenómenos como el astroturfing (campañas artificiales de apoyo) reproducen el efecto de la claque en forma digital.

Aspectos éticos y legales

La claque histórica plantea cuestiones de ética y corrupción: cuando el aplauso se compra o se extorsiona a los artistas, se distorsiona la valoración artística y se ejerce chantaje. Muchas instituciones culturales actuales promueven políticas de transparencia, control de acceso y sanciones para evitar prácticas de manipulación del público.

Legado cultural

Aunque la claque como tal pertenezca sobre todo al pasado, su memoria nos recuerda que la recepción artística nunca es completamente neutral: siempre existe la posibilidad de que intereses económicos o sociales influyan en la opinión pública. Conocer la historia de la claque ayuda a interpretar mejor relatos y reseñas antiguas y a entender por qué la respuesta del público en una época determinada no siempre refleja únicamente mérito artístico.