Un hematoma, también llamado contusión o equimosis, es una marca o mancha visible de color azulado o violáceo que aparece bajo la superficie de la piel, resultado de la salida de sangre de las capas más profundas de los tejidos. Los hematomas suelen estar causados por un golpe o una presión. En las personas mayores, los hematomas también pueden aparecer sin un motivo especial.
Los hematomas suelen causar dolor, pero normalmente no son peligrosos. A veces, los hematomas pueden ser graves y dar lugar a otras formas de hematoma más peligrosas para la vida, o pueden estar asociados a lesiones graves, como fracturas y hemorragias internas. Los hematomas leves pueden reconocerse fácilmente, en personas de piel clara, por su característico aspecto azul o morado (descrito idiomáticamente como "negro y azul") en los días siguientes a la lesión.
¿Qué ocurre en el cuerpo?
Cuando se lesionan los vasos sanguíneos pequeños (capilares) y venas dentro de la piel o los tejidos subyacentes, la sangre se filtra al espacio intercelular y forma una acumulación localizada: el hematoma. La sangre que queda fuera de los vasos se degrada y es reabsorbida por el organismo con el tiempo, lo que explica los cambios de color y la desaparición progresiva de la mancha.
Causas frecuentes
- Traumatismos directos: golpes, caídas, choques deportivos.
- Presión prolongada o pellizcos.
- Medicamentos que afectan la coagulación, como anticoagulantes (warfarina, acenocumarol) o antiagregantes (aspirina, clopidogrel).
- Trastornos de la coagulación (hemofilia, enfermedad de Von Willebrand).
- Fragilidad de la piel y los vasos sanguíneos en personas mayores o con uso crónico de corticoides.
- Lesiones internas (p. ej., hematoma intracraneal tras un golpe en la cabeza) o sangrado en cavidades (retroperitoneal, intraarticular).
Tipos de hematoma
- Subcutáneo: el más común, visible como mancha en la piel.
- Intramuscular: más profundo, puede causar hinchazón y limitar el movimiento.
- Subungual: bajo la uña, produce decoloración y dolor.
- Intracraneal: sangre dentro del cráneo; requiere atención urgente si hay pérdida de conciencia, vómitos o signos neurológicos.
- Retroperitoneal o intraabdominal: puede no ser visible externamente y manifestarse por dolor abdominal, caída de tensión o anemia.
Síntomas y evolución
- Mancha de color que cambia con el tiempo: inicialmente roja por la sangre fresca, luego azul/violácea, más tarde verdosa y finalmente amarillenta antes de desaparecer.
- Dolor local, sensibilidad y posible hinchazón.
- Limitación funcional si está cerca de una articulación o en un músculo.
- En los hematomas grandes o profundos: sensación de tensión, calor local o pérdida de fuerza.
Cómo se diagnostica
El diagnóstico inicial suele ser clínico por la apariencia y el antecedente de traumatismo. Si se sospecha una lesión asociada (fractura, daño articular) o sangrado interno, el médico puede pedir pruebas como:
- Radiografía (si se sospecha fractura).
- Ecografía (útil para valorar hematomas musculares o detectar líquido).
- Tomografía computarizada (TC) o resonancia magnética (RM) para hematomas intracraneales o profundos.
- Análisis de sangre para valorar hemoglobina, tiempo de coagulación y fármacos anticoagulantes.
Tratamiento y cuidados en casa
La mayoría de los hematomas pequeños se resuelven sin tratamiento específico. Medidas útiles:
- Hielo: aplicar compresas frías o hielo envuelto en tela sobre la zona durante 10–20 minutos cada 1–2 horas en las primeras 48 horas para reducir sangrado y dolor. No aplicar hielo directamente sobre la piel.
- Reposo: evitar esfuerzos que puedan aumentar la lesión.
- Compresión: vendaje elástico moderado puede limitar la expansión del hematoma; evitar compresión excesiva que provoque dolor o alteración de la circulación.
- Elevación: elevar la extremidad lesionada para disminuir la hinchazón.
- Analgésicos: paracetamol/acetaminofén suele ser seguro para el dolor. Los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) como ibuprofeno pueden aumentar el sangrado en algunos pacientes; usar con precaución y tras consejo médico, especialmente si toma anticoagulantes.
- Después de 48 horas, aplicar calor suave puede favorecer la reabsorción del hematoma en algunos casos.
Tratamientos médicos
- Observación y control si el hematoma es pequeño y no hay datos de alarma.
- Drenaje o evacuación quirúrgica: indicado en hematomas tensos que producen compresión, riesgo de infección o cuando no se reabsorben y generan problemas funcionales.
- Control del tratamiento anticoagulante: puede requerirse ajustar o revertir la anticoagulación en casos de sangrado importante, siempre bajo supervisión médica.
- Antibióticos si el hematoma se infecta.
Cuándo consultar con urgencia
- Hematoma que crece rápidamente o muy doloroso.
- Signos de infección: enrojecimiento intenso, calor, fiebre, supuración.
- Pérdida súbita de fuerza, sensibilidad o función en la zona afectada.
- Traumatismo en la cabeza con pérdida de consciencia, vómitos, somnolencia, dolor de cabeza intenso o confusión (posible hematoma intracraneal).
- Sospecha de sangrado interno (mareo, bajada de tensión, palidez, taquicardia) o hematomas en personas que toman anticoagulantes.
Prevención
- Usar equipo de protección en deportes o actividades de riesgo.
- Evitar medicamentos que aumenten el riesgo de sangrado salvo indicación médica; consultar siempre al profesional que prescribe anticoagulantes o antiagregantes.
- En personas mayores, cuidar la hidratación y la nutrición, y reducir riesgos de caídas en el hogar.
Pronóstico
La mayoría de los hematomas subcutáneos pequeños se reabsorben en 1–2 semanas; los más grandes o profundos pueden tardar varias semanas o meses en resolverse completamente. Si se observan signos de alarma o el hematoma no mejora, es importante acudir al médico para valoración y posibles pruebas adicionales.

