El Papa Gregorio XI (en latín: Gregorius Undecimus; 1331 -27 de marzo de 1378), nacido Pierre Roger de Beaufort, fue un clérigo francés de la Iglesia Católica Romana y el 202º Papa desde 1370 hasta su muerte.
Fue el séptimo y último de los papas que vivieron en Aviñón, en Francia.
Biografía y carrera eclesiástica
Pierre Roger de Beaufort nació en 1331 en una familia noble del sudoeste de Francia. Ingresó pronto en la carrera clerical y alcanzó altos cargos en la curia por su origen y vínculos familiares. Antes de ser elegido papa ejerció diversos cargos eclesiásticos de responsabilidad y participó en la administración pontificia durante el período en que la sede papal residía en Aviñón.
Elección y contexto del papado (1370–1378)
Fue elegido pontífice en 1370, en el contexto de una larga estancia de la Santa Sede fuera de Roma que se conoce como el Papado de Aviñón. Su pontificado se desarrolló en medio de tensiones políticas entre potencias europeas, conflictos en la península italiana y el desgaste que generaba la presencia continuada de los papas en territorio francés.
Retorno a Roma y relación con Santa Catalina de Siena
Una de las decisiones más relevantes de su pontificado fue el retorno de la sede papal a Roma. Tras años de presiones políticas, militares y espirituales —entre ellas las insistentes cartas y gestiones de Catalina de Siena, quien le pidió en repetidas ocasiones que volviera a Italia para restablecer la autoridad papal y reformar la Iglesia— Gregorio XI decidió trasladarse a Roma en 1376–1377. El regreso buscaba afianzar el prestigio pontificio en Italia y contener el crecimiento de poderes locales hostiles al papado.
Política, conflictos y administración
Durante su papado trató de recuperar el control sobre los Estados Pontificios y de imponerse frente a ciudades independientes como Florencia. Sus campañas militares y diplomáticas, así como la gestión de los recursos económicos de la Iglesia, suscitaron críticas y tensiones. Asimismo mantuvo prácticas de nepotismo propias de la época, favoreciendo a familiares y allegados en nombramientos eclesiásticos y administrativos.
Muerte y consecuencias: inicio del Cisma de Occidente
Gregorio XI murió el 27 de marzo de 1378 en Roma. Su fallecimiento precipitó una crisis inmediata: la elección de su sucesor se vio condicionada por la presión popular romana que exigía un pontífice italiano. La elección de Urbano VI, seguida por la declaración de invalidez de esa elección por parte de cardenales descontentos y la posterior elección de un papa alternativo en Aviñón (Clemente VII), dio inicio al Cisma de Occidente, un cisma que dividió a la cristiandad europea durante varias décadas y que marcó profundamente la historia de la Iglesia.
Legado y evaluación histórica
- Fin de la permanencia papal en Aviñón: Gregorio XI es recordado como el último pontífice que residió regularmente en Aviñón y por devolver la sede papal a Roma, un hecho de gran trascendencia simbólica y política.
- Ambivalencia en su gestión: Su pontificado combina intentos de reforma y restauración de la autoridad papal con prácticas habituales de la época (favoritismos y alianzas políticas) que debilitaron la imagen de la curia.
- Responsable indirecto del Cisma: Aunque no buscó abrir una división, las circunstancias de su muerte y la forma en que se desarrolló la sucesión papal contribuyeron al estallido del Cisma de Occidente, que sería uno de los episodios más graves de la Iglesia medieval.
En conjunto, la figura de Gregorio XI aparece como la de un pontífice que intentó restablecer la centralidad romana de la Iglesia y mantener su poder temporal en tiempos difíciles, pero cuyo legado quedó empañado por los conflictos y las maniobras políticas que desembocaron en uno de los mayores cismas de la historia eclesiástica.