Sir Thomas Bloodworth (a veces escrito Bludworth) fue un comerciante y político inglés. Fue alcalde de Londres desde octubre de 1665 hasta octubre de 1666. Fue miembro de la Cámara de los Comunes de 1660 a 1679.
Se le culpó de la propagación del Gran Incendio de Londres. Esto se debe a que, como alcalde, no dio su aprobación para detener el fuego.
Biografía y carrera
Nacido hacia principios del siglo XVII, Bloodworth era un comerciante establecido en Londres que participó en la vida municipal de la ciudad y en la política nacional. Antes y después de su mandato como alcalde, ocupó puestos en la administración urbana y representó a la ciudad en la Cámara de los Comunes durante casi dos décadas (1660–1679). Su carrera refleja la frecuente superposición entre el comercio y el gobierno municipal en la Londres del siglo XVII.
El Gran Incendio de 1666 y su papel
El Gran Incendio comenzó la madrugada del 2 de septiembre de 1666 en la panadería de Thomas Farriner en Pudding Lane y se propagó con rapidez. Cuando llegó la alarma, se requirió la autorización del alcalde para demoler casas y crear cortafuegos, una medida habitual para contener grandes incendios en aquella época. La decisión de Bloodworth de no ordenar de inmediato la demolición —o hacerlo con gran indecisión— se ha señalado como un factor clave que permitió que el fuego se extendiera por la ciudad.
Contemporáneos como Samuel Pepys y otros cronistas criticaron duramente su actuación; Pepys dejó constancia en su diario de su frustración y censuró la inacción del alcalde. A Bloodworth también se le atribuye, de forma posiblemente apócrifa, una frase desdeñosa sobre la posibilidad de apagar el fuego con medios rudimentarios, lo que alimentó aún más la indignación pública.
Consecuencias y evaluación histórica
En los días y semanas siguientes al incendio, Bloodworth fue uno de los principales chivos expiatorios de la catástrofe: sufrió un severo deterioro de su reputación y las críticas públicas fueron intensas. No obstante, historiadores posteriores han matizado su responsabilidad. Factores estructurales —como la prevalencia de viviendas de madera, calles estrechas, fuertes vientos aquel día y la falta de un cuerpo de bomberos organizado— contribuyeron decisivamente a la magnitud del desastre, y la autoridad práctica del alcalde para imponer demoliciones sin demora era limitada por procedimientos legales y la necesidad de asistencia logística.
Hoy se considera que, aunque su indecisión tuvo efectos negativos y aceleró la propagación, culparle en exclusiva ignora el contexto material y administrativo de la época. El debate sigue abierto entre quienes le consideran responsable principal y quienes sostienen que fue uno más de varios factores que hicieron del incendio una catástrofe urbana sin precedentes.