El control estadístico de procesos (CEP) es el uso de métodos estadísticos para evaluar la estabilidad de un proceso y la calidad de sus resultados. Por ejemplo, consideremos una planta de embotellado. Todo el sistema de producción que produce botellas llenas se denomina proceso. Supongamos que el peso del contenido líquido añadido a una botella es fundamental para el control de costes y la satisfacción del cliente. El contenido debe pesar 250 gramos, pero es aceptable si el peso real está entre 245 y 255 gramos. La supervisión significa que se mide y registra el peso de cada botella; el muestreo significa que sólo se pesan unas pocas botellas (digamos una de cada mil) (el análisis para determinar la tasa de muestreo y para evaluar la representatividad de la muestra es una parte bien establecida del CEP).

El CEP se basa en el análisis cuantitativo y gráfico de las mediciones para evaluar la variación observada. Si los atributos de interés (el peso del contenido en este ejemplo) varían dentro de un rango aceptable, se dice que un proceso está en control, en control estadístico o estable. Cuando se observa una variación inaceptable, se suelen tomar medidas para determinar y corregir su causa. En el ejemplo del embotellado, supongamos que demasiadas botellas se llenan con menos de 245 gramos. La comprobación del equipo de la planta revela que una de las diez válvulas de llenado funciona mal.

El SPC ha tenido una amplia aplicación en la industria manufacturera desde su introducción en la década de 1920 y en muchos otros tipos de actividades repetitivas.

Gran parte del poder del SPC radica en la capacidad de examinar un proceso, en busca de las fuentes de variación en ese proceso, mediante el uso de herramientas que dan peso al análisis objetivo sobre las opiniones subjetivas y que permiten determinar numéricamente la fuerza de cada fuente. Las variaciones en el proceso que puedan afectar a la calidad del producto o servicio final pueden detectarse y corregirse, reduciendo así los residuos y la probabilidad de que los problemas se transmitan al cliente. Al hacer hincapié en la detección temprana y la prevención de los problemas, el SPC tiene una clara ventaja sobre otros métodos de calidad, como la inspección, que aplican recursos para detectar y corregir los problemas después de que se hayan producido.

Además de reducir los residuos, el SPC puede conducir a una reducción del tiempo necesario para producir el producto o servicio de principio a fin. Esto se debe, en parte, a una menor probabilidad de que el producto final tenga que ser reelaborado, pero también puede ser el resultado de utilizar los datos del SPC para identificar los cuellos de botella, los tiempos de espera y otras fuentes de retrasos dentro del proceso. Las reducciones del tiempo de ciclo del proceso, junto con las mejoras en el rendimiento, han hecho del SPC una herramienta valiosa tanto desde el punto de vista de la reducción de costes como de la satisfacción del cliente.