Radioresistencia: qué es y ejemplos (Deinococcus radiodurans)

Descubre qué es la radioresistencia, cómo Deinococcus radiodurans repara el ADN tras radiación y ejemplos clave de organismos ultraresistentes.

Autor: Leandro Alegsa

La radioresistencia es una propiedad de algunos seres vivos. Significa que pueden resistir los efectos de la radiación gamma, la radiación ultravioleta y otros tipos de radiación similares. Un buen ejemplo es la bacteria Deinococcus radiodurans. Tiene enzimas que reparan las cadenas de ADN que han sido divididas por la radiación.

 

Mecanismos principales de radioresistencia

La radioresistencia no depende de un solo factor: es el resultado de varias adaptaciones celulares que actúan de forma coordinada. Entre las más importantes están:

  • Reparación eficaz del ADN: algunos organismos poseen sistemas de reparación de roturas de doble cadena muy eficientes (por ejemplo, reparación por recombinación homóloga mediada por proteínas como RecA y otras).
  • Copias múltiples del genoma: Deinococcus y otras bacterias pueden tener varias copias de su cromosoma, lo que facilita usar una copia intacta como molde para reparar las dañadas.
  • Protección de proteínas frente al daño oxidativo: complejos de manganeso y sistemas antioxidantes protegen las proteínas celulares esenciales, de modo que las máquinas reparadoras sigan funcionando tras la exposición.
  • Estructura compacta del nucleoide: una organización del ADN que reduce la fragmentación y facilita la reparación.
  • Pigmentos y barreras físicas: en algunos hongos y microorganismos, pigmentos como la melanina ayudan a absorber o neutralizar parte de la radiación.

Ejemplos de organismos radioresistentes

  • Deinococcus radiodurans: es el ejemplo más conocido. Puede sobrevivir dosis de radiación ionizante muy altas (orden de miles de grises). Además de su potente maquinaria de reparación del ADN, tiene mecanismos para proteger proteínas y una estructura celular que facilita la recuperación.
  • Tardígrados: estos pequeños animales son famosos por su resistencia a la desecación y a la radiación; su tolerancia está relacionada con la protección de macromoléculas y la capacidad de entrar en estados de animación suspendida.
  • Hongos melanizados: ciertos hongos que colonizan ambientes con radiación (por ejemplo, en reactores nucleares) usan melanina para resistir y, según investigaciones, incluso aprovechar la radiación de alguna forma.
  • Otras bacterias y arqueas: géneros como Rubrobacter y Thermococcus contienen especies con alta tolerancia a radiación y calor.
  • Rotíferos y algunos insectos: en menor grado, hay animales capaces de tolerar niveles elevados de radiación, normalmente ligado a mecanismos de reparación y protección antioxidante.

Magnitud del fenómeno y comparaciones

Para hacerse una idea: una dosis única de 4–6 grises (Gy) puede ser letal para un ser humano. Deinococcus radiodurans, en condiciones favorables, soporta miles de grises (por ejemplo, tolerancias reportadas en el rango de 5.000 Gy o más en células en estado seco), valores que superan por varias órdenes de magnitud la sensibilidad humana. Sin embargo, estos números dependen de la especie, del estado fisiológico del organismo (seco, en crecimiento, en suspensión) y del tipo de radiación (ionizante como rayos X o gamma frente a radiación ultravioleta).

Aplicaciones y relevancia

  • Bioremediación: microorganismos radioresistentes se estudian para limpiar suelos y aguas contaminadas con materiales radiactivos o con compuestos tóxicos asociados.
  • Astrobiología: la existencia de organismos extremadamente resistentes alimenta la investigación sobre la posibilidad de vida en ambientes extraterrestres con radiación alta.
  • Biotecnología y medicina: estudiar los mecanismos moleculares de reparación y protección puede inspirar nuevas terapias, mejoras en la preservación de biomoléculas o biocatalizadores más robustos.

Límites y consideraciones

La radioresistencia no significa invulnerabilidad. Dosis muy altas, combinadas con otros factores estresantes (temperatura extrema, falta de agua, toxinas), pueden superar las defensas. Además, resistir a la radiación ionizante no implica la misma tolerancia a todos los tipos de daño (por ejemplo, la radiación ultravioleta produce lesiones distintas en el ADN comparada con los efectos de rayos gamma). Por último, la capacidad de algunos microorganismos de sobrevivir altas dosis no debe interpretarse como una amenaza directa para la salud humana: los impactos sobre humanos y ecosistemas dependen de la dosis, la exposición y el contexto.

En resumen, la radioresistencia es una adaptación compleja y multifactorial presente en distintos grupos de seres vivos. Entenderla ayuda tanto a conocer los límites de la vida como a aplicar ese conocimiento en tecnología, medicina y protección ambiental.



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