Nueva Groenlandia del Sur, también conocida como la Tierra de Morrell, fue una aparición de tierra registrada por el capitán estadounidense Benjamin Morrell. Morrell informó del avistamiento desde la goleta Wasp en marzo de 1823, durante un viaje de caza y exploración de focas en la zona del mar de Weddell en la Antártida. En su relato proporcionó coordenadas y una descripción de una línea de costa, y afirmó haber navegado a lo largo de esa costa durante más de 300 millas (480 km). En la época, el Mar de Weddell era poco conocido y la navegación era peligrosa por la presencia de icebergs y campos de hielo, por lo que la observación, al menos inicialmente, se consideró plausible. Sin embargo, posteriores exploraciones y sondeos demostraron que no existía tierra en las posiciones que Morrell registró.
En el momento del viaje de Morrell, el Mar de Weddell no había sido plenamente cartografiado y su geografía era todavía en gran parte desconocida, lo que facilitó que aparecieran en los relatos informes de nuevas tierras. Aun así, Morrell cometió errores y fue conocido por exagerar en sus narraciones: su reputación y ciertas inconsistencias en su texto hicieron que muchos contemporáneos miraran con escepticismo su afirmación. Morrell más tarde publicó varios relatos de sus viajes (por ejemplo, su narración de viajes publicada en la década de 1830), y algunas de sus afirmaciones fueron desmentidas o puestas en duda por navegantes y científicos posteriores.
Verificaciones y refutación
El avistamiento de Nueva Groenlandia del Sur no fue investigado a fondo en su momento. Décadas más tarde, expediciones antárticas a principios del siglo XX exploraron la zona que Morrell había señalado y no hallaron tierra alguna. En junio de 1912, el barco Deutschland del explorador alemán Wilhelm Filchner quedó bloqueado por el hielo en el mar de Weddell y derivó hasta la región descrita por Morrell. Filchner buscó la supuesta tierra, no encontró rastro alguno y un sondeo del fondo reveló más de 1.500 m de profundidad, lo que descartaba la presencia de tierra emergida en esa posición. Tres años después, atrapado en las mismas aguas con su barco Endurance, Ernest Shackleton confirmó por métodos y observaciones similares la inexistencia de la tierra que Morrell había descrito.
Explicaciones posibles
- Error de navegación: la determinación de la posición en alta mar en el siglo XIX dependía del cálculo por estima (dead reckoning) y de observaciones astronómicas; un error en la posición registrada podía situar una observación real en un punto completamente distinto del mapa.
- Confusión con icebergs o campos de hielo: icebergs tabulares y acantilados de hielo, a distancia, pueden aparentar ser líneas costeras o montañas si la visibilidad es limitada.
- Espejismos y efectos atmosféricos: fenómenos como la superior mirage o la Fata Morgana pueden deformar y elevar imágenes lejanas (de hielo, nubes o incluso barcos), dando la apariencia de tierra firme donde no la hay.
- Errores de recuerdo o de registro: Morrell escribió sus relatos años después de algunos viajes; es posible que equivocara detalles al recordar posiciones o descripciones.
- Invención o exageración: algunos historiadores han sugerido que Morrell, con fama de embellecer relatos, pudo exagerar o inventar el hallazgo. Cabe señalar, sin embargo, que en su propio relato él atribuye el descubrimiento a su compañero, el capitán de los cazadores Robert Johnson, lo que complica una explicación sencilla de fraude deliberado.
Contexto más amplio y consecuencias
La supuesta Nueva Groenlandia del Sur forma parte de un fenómeno histórico más amplio: las llamadas "islas fantasma" o tierras fantasma, informadas por navegantes antes de que existieran métodos fiables de verificación. A medida que la exploración polar avanzó y la cartografía se basó en sondeos sistemáticos y, más tarde, en imágenes satelitales, estas tierras desaparecieron de los mapas y fueron catalogadas como errores de observación o de posicionamiento.
También vale la pena mencionar que otros exploradores, como el almirante británico James Clark Ross, en 1843 informaron de la posible existencia de tierras en posiciones próximas a las señaladas por Morrell; esas observaciones igualmente fueron descartadas con el progreso de las exploraciones. Hoy, Nueva Groenlandia del Sur se considera una isla fantasma: un recordatorio de las dificultades de la navegación polar en los siglos XVIII y XIX y de la necesidad de verificación cuidadosa antes de incorporar observaciones al mapa oficial.







