Intestino grueso (cólon): qué es, anatomía y funciones

Intestino grueso (colon): descubre su anatomía y funciones esenciales —absorción de agua, formación y expulsión de heces— y su importancia para la salud digestiva.

Autor: Leandro Alegsa

El intestino grueso, también llamado colon o intestino grueso, es la porción final del tubo digestivo. Conecta el intestino delgado con el recto y el ano. Mide aproximadamente 1,5 metros de largo (unos 5 pies). Es más corto que el intestino delgado, pero su diámetro es mayor, lo que le permite almacenar y compactar el contenido digestivo en proceso de convertirse en heces.

Anatomía

El colon se divide en varias porciones reconocibles, cada una con características propias:

  • Ciego: primera porción, situada en la fosa iliaca derecha; de él nace el apéndice vermiforme.
  • Colon ascendente: asciende por el lado derecho del abdomen hasta el ángulo hepático.
  • Colon transverso: cruza el abdomen de derecha a izquierda por debajo del hígado y del estómago.
  • Colon descendente: desciende por el lado izquierdo del abdomen.
  • Colon sigmoide: forma una curva en forma de S antes del recto.
  • Recto y canal anal: zona final que almacena las heces antes de la expulsión y donde tiene lugar la coordinación final de la expulsión.

En la pared del colon se observan estructuras como las tenias colónicas (bandas musculares longitudinales), las haustras (sacos o saculaciones) y apéndices epiploicos (pequeñas bolsas adiposas). Estas estructuras contribuyen a la motilidad y al almacenamiento.

Funciones principales

  • Absorción de agua y electrolitos: el colon recupera la mayor parte del agua y sales minerales que quedan después de la digestión intestinal, lo que ayuda a formar heces sólidas.
  • Formación y almacenamiento de heces: el material de desecho se compacta y queda almacenado en el recto hasta su eliminación mediante la defecación.
  • Fermentación bacteriana: la microbiota colónica descompone fibras y otros sustratos no digeridos, produciendo ácidos grasos de cadena corta que pueden ser aprovechados por el organismo.
  • Síntesis de vitaminas: ciertas bacterias intestinales contribuyen a la producción de vitaminas, como la vitamina K y algunas del grupo B.
  • Función inmunológica: la mucosa colónica participa en la defensa frente a patógenos mediante tejido linfoide y mecanismos inmunitarios locales que mantienen el equilibrio con la microbiota.

Irrigación e inervación

El colon recibe sangre de ramas de las arterias mesentéricas superior e inferior. Su drenaje venoso se dirige al sistema portal hepático. La inervación combina fibras del sistema nervioso autónomo (parasimpático y simpático) y del sistema nervioso entérico, lo que permite regular la motilidad, la secreción y el flujo sanguíneo.

Movilidad y procesos de eliminación

La actividad motora del colon incluye movimientos de mezcla (haustraciones) que favorecen la absorción, peristalsis lenta para avanzar el contenido y movimientos propulsores intensos llamados “movimientos de masa” que desplazan grandes volúmenes hacia el recto. Cuando el recto se llena, se desencadenan reflejos que conducen a la necesidad de evacuar y, finalmente, a la defecación.

Microbiota

El intestino grueso alberga una comunidad microbiana numerosa y diversa que tiene un papel clave en la digestión de fibra, la protección frente a microorganismos patógenos, la modulación del sistema inmunológico y la producción de ciertos nutrientes. Un equilibrio adecuado de esta microbiota es importante para la salud general.

Cuidados y enfermedades frecuentes

  • Prevención y hábitos saludables: dieta rica en fibra, hidratación suficiente y ejercicio regular favorecen el tránsito intestinal y la salud del colon.
  • Problemas comunes: estreñimiento, diarrea, diverticulosis/diverticulitis, enfermedades inflamatorias intestinales (como colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn), pólipos y cáncer colorrectal.
  • Cribado: las técnicas de detección como la colonoscopia y pruebas de sangre oculta en heces son herramientas importantes para detectar lesiones precancerosas y cáncer en fases iniciales.

Si aparecen cambios persistentes en el hábito intestinal, sangre en las heces, dolor abdominal intenso o pérdida de peso no intencionada, se recomienda consultar con un profesional sanitario para valoración y pruebas complementarias.

 

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