Calamar colosal (Mesonychoteuthis hamiltoni) es considerado el mayor calamar del mundo en términos de masa y uno de los más grandes en longitud, con estimaciones habituales de unos 9–10 metros de longitud total; algunas estimaciones no confirmadas sugieren que ejemplares completos podrían alcanzar longitudes mayores. Es más robusto y pesado que el calamar gigante, y su cuerpo presenta un color marrón rojizo característico.

Descripción y adaptaciones

El calamar colosal posee un cuerpo voluminoso y potentes tentáculos con ganchos móviles en las ventosas que le permiten sujetar presas grandes. Estos ganchos, junto con fuertes brazos, hacen que sea un depredador capaz de atrapar peces y otros calamares de gran tamaño en las profundidades. Sus tejidos contienen cloruro de amonio, lo que le da un sabor desagradable para los humanos y puede hacer que la carne sea poco apetecible.

Ojos y sentidos

Este animal es famoso por tener los ojos más grandes conocidos en el reino animal. Un ejemplar estudiado presentó un ojo de 27 cm de ancho con una lente de 12 cm de diámetro; al medirlo parcialmente colapsado, se estima que en vida esos ojos habrían alcanzado entre 30 y 40 cm de diámetro. Estos ojos enormes están adaptados a la escasa luz de las profundidades y le permiten detectar objetos y emisiones luminosas a distancia, tanto para localizar presas como para detectar depredadores.

Hábitat y distribución

El calamar colosal habita en aguas frías y profundas del océano Antártico y su circundante, encontrándose a profundidades que suelen rondar los 1.000–2.000 metros, aunque puede aventurarse a mayores profundidades. Su distribución está ligada a zonas con abundancia de presas de gran tamaño que soportan su metabolismo lento y su estrategia de caza.

Alimentación y comportamiento

Se cree que se alimenta de presas como los chaetognatos, grandes peces como la merluza negra y de otros calamares en las profundidades del océano. Probablemente combina una estrategia de depredador emboscador y de ataque oportunista: con un ritmo metabólico lento —se ha estimado que puede necesitar solo unos 30 gramos de presa al día en condiciones de baja actividad— evita el gasto energético innecesario y depende de emboscadas o de la captura de presas que encuentre en su entorno.

Es posible que use la bioluminiscencia de su entorno y/o fotóforos (estructuras emisoras de luz presentes en algunos cefalópodos) para atraer o localizar presas, aunque muchos detalles sobre su comportamiento activo de caza permanecen poco documentados debido a la dificultad de observarlo en su hábitat natural.

Depredadores y relación con el cachalote

El calamar colosal es una presas importante para los cachalotes; se han encontrado restos y marcas de ventosas y ganchos en los cuerpos de cetáceos que apoyan esta relación depredador‑presa. Los cachalotes, que bucean a grandes profundidades, son uno de los pocos mamíferos capaces de cazar ejemplares de gran tamaño en su medio.

Investigación, ejemplares y museo

Gran parte de lo que se sabe proviene de individuos hallados atrapados en redes de pesca de profundidad o recuperados del estómago de depredadores. Un ejemplar notable, expuesto en el Museo de Nueva Zelanda Te Papa Tongarewa, forma parte de una exhibición inaugurada en 2008; dicho espécimen y la información asociada están disponibles también a través de un sitio web sobre ese ejemplar. Estas muestras han permitido estudiar la morfología, el tamaño de los ojos y otras adaptaciones, aunque la biología completa de la especie sigue siendo poco conocida.

Estado de conservación

Debido a la vida en aguas profundas y la escasez de datos, la situación de conservación del calamar colosal no está bien determinada (se considera que hay falta de información suficiente para muchas evaluaciones). Su hábitat profundo lo protege en buena medida de la pesca comercial directa, pero cambios en las redes tróficas y en el ecosistema del océano Antártico podrían afectarle indirectamente.

Curiosidades

  • El calamar colosal es, por masa, uno de los cefalópodos más grandes conocidos.
  • Sus ojos gigantes le permiten captar incluso la luz tenue que proviene de organismos bioluminiscentes a grandes profundidades.
  • La presencia de cloruro de amonio en sus tejidos es una adaptación química que lo hace desagradable al paladar de muchos depredadores ocasionales, incluido el humano, aunque esto no impide que otros depredadores especializados lo consuman.

Aunque muchos aspectos de su ecología permanecen por descubrir, el calamar colosal sigue siendo una de las criaturas más fascinantes y enigmáticas de las profundidades marinas, y su estudio ayuda a comprender mejor los ecosistemas abisales y las interacciones entre especies en los océanos fríos del hemisferio sur.