Los barcos ataúd transportaron a los inmigrantes irlandeses a América y otras colonias durante la Gran Hambruna Irlandesa (1845-1852). Eran la forma más barata de cruzar el Atlántico, pero era un viaje miserable y peligroso. Las condiciones a bordo eran horribles porque los barcos iban muy llenos. Además, había poca comida y agua. A menudo había enfermedades a bordo.

Un tercio (30%) de los pasajeros moría antes de llegar a Canadá o Estados Unidos. La leyenda dice que a los tiburones les gustaba seguir a los barcos ataúd porque la tripulación tiraba los cadáveres por la borda.

Condiciones a bordo

En los llamados barcos ataúd los emigrantes viajaban hacinados en la bodega, muchas veces entre fardos de mercancía. Las principales características de esos viajes eran:

  • Poco espacio y ventilación insuficiente, lo que favorecía la propagación de enfermedades respiratorias.
  • Alimentos escasos y de mala calidad; el agua potable se agotaba o se contaminaba.
  • Higiene casi inexistente: la falta de instalaciones sanitarias provocaba brotes de disentería y cólera.
  • Altas tasas de mortalidad entre niños y ancianos, y cuidados médicos mínimos o nulos.

Causas y contexto

La Gran Hambruna fue causada principalmente por la infestación de la patata por el hongo Phytophthora infestans, que destruyó las cosechas básicas de gran parte de la población irlandesa. Frente al hambre y los desalojos, muchas familias buscaron escapar a América y otras colonias por cualquier vía económica disponible. Para reducir costes, algunos armadores y agentes de emigración sobrecargaron embarcaciones pequeñas o usaron barcos en mal estado; estas prácticas aumentaron enormemente el riesgo para los pasajeros.

Llegada, cuarentena y consecuencias

Al arribar, las autoridades de Canadá, Estados Unidos y otras colonias establecieron puestos de cuarentena para controlar las epidemias. Lugares como Grosse Île (en el río San Lorenzo, cerca de Quebec) recibieron a miles de inmigrantes, pero también fueron escenario de numerosas muertes y enterramientos masivos. El flujo masivo de emigrantes cambió la demografía de Irlanda y contribuyó a la formación de comunidades irlandesas permanentes en Norteamérica.

Regulación y legado

La terrible experiencia de los barcos ataúd impulsó, gradualmente, mejoras en las normas sobre la seguridad de los pasajeros: límites de ocupación, requisitos de víveres y mejores controles sanitarios. Sin embargo, el coste humano quedó marcado en la memoria colectiva: el apelativo inglés "coffin ships" (barcos ataúd) y la leyenda de los tiburones que seguían a las embarcaciones recuerdan la desesperación y el sufrimiento de quienes huyeron de la hambruna. La emigración forzada durante esos años es uno de los rasgos más determinantes de la historia moderna de Irlanda y de la diáspora irlandesa en todo el mundo.