Elisabetta Farnese (25 de octubre de 1692 - 11 de julio de 1766) fue la segunda esposa de Felipe V de España. La primera esposa de Felipe, María Luisa de Saboya, había muerto en febrero de 1714. Elisabetta se casó con el rey en diciembre de 1714. Tuvo mucha influencia sobre el Estado hasta la muerte de su marido en 1746. Actuó como regente en 1759 cuando su hijo mayor, Carlos III de España, se convirtió en rey y viajaba desde Nápoles. Hubo planes para que se casara con Víctor Amadeus, príncipe de Piamonte, pero el matrimonio nunca se produjo.
Orígenes y matrimonio
Elisabetta (Elisabetta Farnese) nació en Parma en 1692, hija del príncipe heredero Odoardo Farnese y de Dorotea Sofía de Neuburgo. Pertenecía a la dinastía Farnese, que gobernaba los ducados de Parma y Piacenza; su fortuna dinástica y sus conexiones italianas la convirtieron en una pieza valiosa en la política matrimonial europea del momento. Tras la muerte de la primera esposa de Felipe V, se acordó su matrimonio con el monarca español: Elisabetta contrajo matrimonio con Felipe en diciembre de 1714 y pronto desplegó una intensa actividad en la corte.
Influencia política y objetivos dinásticos
Política exterior y objetivos italianos: Desde el principio, Elisabetta orientó su influencia hacia la recuperación de posesiones italianas para sus hijos. Su objetivo fundamental fue asegurar coronas y ducados en Italia —especialmente Parma y Nápoles— que reforzasen la posición de la rama borbónica española en la península. Para ello trabajó con ministros y diplomáticos, y no rehuyó las intrigas y negociaciones internacionales que requerían alianzas con otras potencias europeas.
Relación con ministros y el gobierno: La reina influyó decisivamente en nombramientos y políticas cortesanas; colaboró con figuras como Giulio Alberoni en los primeros años para articular una política más activa en el Mediterráneo, aunque las alianzas y los fracasos militares y diplomáticos de la época obligaron a constantes reajustes. Durante los años de su matrimonio mantuvo un papel central en la vida política española, marcando la agenda del gabinete real y las prioridades exteriores.
Familia y sucesión
Elisabetta dio a Felipe V varios hijos; entre los más relevantes para la historia europea del siglo XVIII destacan Carlos (nacido en 1716), que llegaría a ser rey de Nápoles y Sicilia y, finalmente, rey de España como Carlos III, y Felipe, que sería duque de Parma. Gracias al accesorio derecho de la familia Farnese y a las reconfiguraciones territoriales tras las guerras europeas (en particular la Guerra de la Sucesión Polaca y las negociaciones posteriores), los intereses dinásticos de Elisabetta tuvieron éxito relativo: sus hijos llegaron a ocupar tronos italianos y a integrar la trama dinástica europea.
Regencia y últimos años
Tras la muerte de Felipe V en 1746, la influencia de Elisabetta continuó, y en 1759, cuando su hijo Carlos fue llamado al trono español tras el fallecimiento de su medio hermano, actuó como regente en Madrid durante el periodo en que Carlos viajaba desde Nápoles para tomar posesión. Durante estos años siguió interviniendo en nombramientos y en la orientación de la diplomacia española hasta su muerte en 1766. Aunque hubo planteamientos matrimoniales para estrechar alianzas —como la propuesta de un matrimonio con Víctor Amadeus, príncipe de Piamonte—, esas alianzas no se concretaron por diversas razones políticas y dinásticas.
Patrocinio cultural y legado
Además de su papel político, Elisabetta fue una notable mecenas de las artes y la arquitectura en la corte española. Impulsó reformas en palacios reales y favoreció la presencia de artistas y arquitectos italianos en España, contribuyendo al intercambio cultural entre la península itálica y la corte madrileña. Su figura marcó con fuerza la política dinástica del reinado de Felipe V y la España borbónica del siglo XVIII: gracias a sus gestiones, la monarquía española recuperó presencia y oportunidades en Italia que perdurarían en las generaciones siguientes.
Fallecimiento y valoración histórica
Elisabetta Farnese falleció el 11 de julio de 1766. Historiadores y biógrafos la recuerdan como una reina ambiciosa, hábil en la corte y decidida en la defensa de los intereses dinásticos de su familia. Su influencia en la política española e internacional del primer tercio y del centro del siglo XVIII fue notable y sus esfuerzos por asegurar destinos italianos para sus hijos cambiaron el mapa dinástico europeo de la época.