Stanley Cohen (17 de noviembre de 1922 - 5 de febrero de 2020) fue un bioquímico estadounidense de origen judío. Ganó el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1986, compartido con Rita Levi‑Montalcini, por sus descubrimientos sobre los factores de crecimiento que regulan el crecimiento y diferenciación celular. Sus investigaciones ayudaron a comprender cómo se origina el cáncer y han sido fundamentales para el desarrollo de fármacos anticancerígenos dirigidos.

Investigaciones clave

Una de las contribuciones más importantes de Cohen fue la identificación y purificación de factores de crecimiento, en particular el factor de crecimiento epidérmico (EGF), cuya acción sobre la proliferación y diferenciación celular aclaró mecanismos básicos de señalización celular. Estos descubrimientos explicaron cómo señales externas pueden activar rutas internas que controlan el crecimiento celular y cómo alteraciones en esas rutas pueden conducir a procesos tumorales.

Además, junto con Herbert Boyer, Cohen fue pionero en técnicas de ingeniería genética. En la década de 1970 demostraron que fragmentos de ADN podían unirse a plasmidios bacterianos y ser transferidos entre bacterias, lo que permitió por primera vez clonar y manipular genes de forma controlada. Ese trabajo —y los debates científicos que generó sobre los riesgos y las normas éticas— provocó un amplio esfuerzo por definir marcos de bioseguridad, como la histórica discusión que culminó en la conferencia de Asilomar en 1975.

Impacto y legado

Las aportaciones de Cohen tuvieron un doble impacto: por un lado, ampliaron el conocimiento fundamental sobre señales de crecimiento y sus receptores, base para terapias dirigidas contra receptores y rutas implicadas en muchos cánceres; por otro, sentaron las bases técnicas de la biotecnología moderna, posibilitando la producción de proteínas humanas en microorganismos, la generación de modelos genéticos y el nacimiento de la industria del ADN recombinante.

Durante su carrera formó a numerosos investigadores y trabajó durante largo tiempo en el ámbito académico y de investigación biomédica. Su legado se mantiene en la comprensión de la biología celular y en las innumerables aplicaciones biomédicas y farmacéuticas que derivaron de las técnicas que ayudó a desarrollar.

Fallecimiento: Cohen murió el 5 de febrero de 2020, a los 97 años, dejando una huella duradera en la biología molecular, la medicina y la biotecnología.