Las brujas de Samlesbury eran tres mujeres de las que se decía que eran brujas, asesinas y caníbales. Las tres mujeres, Jane Southworth, Jennet Bierley y Ellen Bierley, fueron acusadas de practicar la brujería por una niña de 14 años, Grace Sowerbutts. Fueron juzgadas en el pueblo de Samlesbury, en Lancashire. Su juicio, celebrado el 19 de agosto de 1612, formó parte de una serie de juicios por brujería celebrados durante dos días. Es uno de los más famosos de la historia de Inglaterra.

Contexto y singularidades del caso

Los juicios fueron inusuales para Inglaterra en aquella época por dos razones. En primer lugar, Thomas Potts, el secretario del tribunal, escribió sobre ello en su obra The Wonderfull Discoverie of Witches in the Countie of Lancaster, dejando un relato detallado y publicado que ha marcado la interpretación del proceso. En segundo lugar, el número de personas declaradas culpables y ahorcadas en esos procesos fue elevado: diez en Lancaster y otra en York. Algunos de los acusados en los distintos juicios fueron quemados vivos y colgados, lo que refleja la extrema dureza de las penas aplicadas en la época.

Acusaciones y desarrollo del juicio

Las mujeres fueron acusadas de asesinar niños y de canibalismo, entre otras cosas. En cambio, otras personas juzgadas al mismo tiempo fueron acusadas de maleficium, es decir, de causar daño mediante la brujería; este tipo de acusaciones incluían a las conocidas brujas de Pendle. Mientras que el maleficium se centraba en daños concretos —enfermedades, muertes de animales o desgracias—, las acusaciones contra las mujeres de Samlesbury contenían elementos sensacionalistas (pactos diabólicos, asesinatos rituales y canibalismo) que llamaron la atención de contemporáneos y de la posteridad.

El caso contra las tres mujeres se derrumbó de forma notable cuando el juez del juicio demostró que la principal testigo, Grace Sowerbutts, era "el instrumento perjuro de un sacerdote católico". Según el relato de Potts y las declaraciones del tribunal, la niña había sido inducida a mentir por la influencia de un clérigo local, hecho que transformó las acusaciones en un asunto no sólo penal sino también político y confesional. Las tres acusadas fueron finalmente declaradas inocentes de brujería.

Interpretaciones históricas y significado

Muchos historiadores han interpretado los juicios de brujería de los siglos XVI y XVII a la luz de las profundas tensiones religiosas del período. Hugh Trevor-Roper sostuvo que esos procesos fueron en gran medida resultado de las luchas religiosas —una pugna entre católicos y protestantes en la que la etiqueta de "herejía" y la sospecha de conspiración contribuían a la persecución de enemigos—. En este sentido, el juicio de las brujas de Samlesbury se ha descrito como "en gran medida una pieza de propaganda anticatólica": habría servido para mostrar que Lancashire, considerada una región turbulenta y poco controlada, estaba siendo purgada no sólo de supuestas brujas sino también de "conspiradores papistas", es decir, católicos considerados peligrosos para el orden religioso y social.

No obstante, la historiografía moderna ofrece matices y corrige simplificaciones. Otros investigadores destacan factores sociales y económicos —como disputas locales, rivalidades familiares, pobreza y marginación femenina— que también alimentaron las acusaciones de brujería. Además, el papel de la documentación (como el relato de Potts) y de los jueces y fiscales locales influyó decisivamente en qué casos prosperaban y cuáles se desmoronaban. En el caso de Samlesbury, la exposición de la manipulación de la testigo transformó una acusación grave en un ejemplo de cómo la mezcla de superstición, política confesional y conflictos personales podía dar lugar a denuncias falsas.

Legado y fuentes

El proceso de Samlesbury es especialmente relevante porque terminó en absolución y porque dejó constancia escrita a cargo de The Wonderfull Discoverie of Witches in the Countie of Lancaster, que sigue siendo una fuente primaria esencial para estudiar los juicios de 1612. El contraste entre la espectacularidad de las acusaciones y la resolución del caso ayuda a comprender la complejidad de los procesos de brujería: no siempre fueron simples manifestaciones de histeria popular, sino que incluyeron elementos jurídicos, políticos y religiosos.

En conjunto, las brujas de Samlesbury ilustran cómo las acusaciones de brujería podían funcionar como vehículo de conflictos más amplios —religiosos, sociales y personales—, y por qué su estudio requiere atender tanto a las pruebas materiales y testimonios contemporáneos como a las circunstancias sociales e ideológicas que rodearon cada caso.