Juana de Albret: reina de Navarra, madre de Enrique IV y líder hugonote
Juana de Albret: reina de Navarra, madre de Enrique IV y líder hugonote; descubre su papel decisivo en la política y las guerras religiosas francesas.
Juana de Albret (7 de enero de 1528 - 9 de junio de 1572), también conocida como Juana III de Albret o Juana III, fue la reina regente del Reino de Navarra desde 1555 hasta su muerte en 1572. Hija de Enrique II de Navarra y de Margarita de Angulema —figura destacada del Renacimiento francés—, Juana heredó un pequeño pero importante reino en la vertiente norte de los Pirineos y ejerció una monarquía personal orientada tanto a la consolidación dinástica como a la reforma religiosa y administrativa.
Familia y descendencia
De su segundo matrimonio con Antoine de Bourbon, duque de Vendôme, nació su hijo Enrique de Borbón (1553–1610). Enrique sería rey de Navarra como Enrique III y, posteriormente, tras la línea dinástica borbónica en Francia, se convertiría en el rey Enrique IV de Francia, el primer monarca Borbón en ese país. Gracias a ese matrimonio Juana también ostentó el título de duquesa de Vendôme mientras duró su unión.
Reinado y acción política
Juana accedió al trono en 1555 tras la muerte de su padre y gobernó con una mezcla de prudencia dinástica y firmeza personal. Su política buscó preservar la independencia de su reino frente a las presiones de las monarquías vecinas (Francia y España), mantener el patrimonio de la Casa de Albret y fortalecer las instituciones locales. Como soberana, impulsó reformas administrativas y legales para consolidar su autoridad en un territorio de limitada extensión pero de gran valor estratégico.
Religión y liderazgo hugonote
Durante su reinado Juana se convirtió en una de las principales defensoras de la Reforma calvinista en Francia. Adoptó públicamente el calvinismo y se erigió en líder espiritual y política del movimiento protestante francés: fue una figura central del grupo que llegó a conocerse como los hugonotes. En 1560 hizo pública su adhesión a la fe reformada y promulgó una Confesión de fe que sentó las bases religiosas de su gobierno; favoreció la organización eclesiástica y educativa protestante en sus territorios, protegió a pastores y permitió la difusión de literatura religiosa reformada.
Su respaldo a los hugonotes no fue sólo teórico: Juana prestó apoyo político y, en ocasiones, refugio a líderes protestantes y colaboró con figuras clave del movimiento durante las convulsiones que fueron las Guerras de Religiónfrancesas. Esta posición la convirtió en un referente para los protestantes, pero también la enfrentó a la corte católica y a potencias que veían la expansión del calvinismo como una amenaza.
Relación con su hijo y legado
Juana influyó decisivamente en la educación religiosa de su hijo Enrique, criándolo en la fe hugonote, lo que marcó el inicio de su carrera política y militar en el bando protestante. No obstante, la trayectoria posterior de Enrique —que acabaría por convertirse al catolicismo para asegurar el trono de Francia— muestra las tensiones entre principios confesionales y necesidades dinásticas de la época. Juana murió en 1572, apenas dos meses antes de la masacre de la Noche de San Bartolomé, un acontecimiento que convulsionó a Francia y al que sus protegidos hugonotes pagarían un alto precio.
Importancia histórica
- Figura política: Juana es recordada como una reina que defendió la soberanía de su casa en una Europa dominada por grandes monarquías.
- Líder confesional: Su conversión y su labor organizadora la convirtieron en una de las principales autoridades del protestantismo francés.
- Madre de un rey fundador de dinastía: Como madre de Enrique IV, su papel fue decisivo en la continuidad dinástica que llevaría a la implantación de la Casa de Borbón en Francia.
Su figura combina la dimensión política, religiosa y cultural del siglo XVI: soberana regional respetada, mecenas y promotora de la Reforma en occidente y madre de uno de los monarcas más relevantes de la Francia moderna.
Primer matrimonio
De niña, tenía un carácter notablemente fuerte. Sus padres querían que se casara con Guillermo "el Rico", duque de Jülich-Cleves-Berg. Era el hermano de Ana de Cleves, la cuarta esposa de Enrique VIII de Inglaterra. Ella tenía entonces 12 o 13 años, algo bastante normal entonces para el matrimonio de una niña.
Ella se negó, y su madre hizo que la azotaran. Los azotes fueron muy severos, pero la muchacha siguió resistiéndose al matrimonio. Finalmente, el condestable de Francia la llevó al altar y la casó contra su voluntad.
Evidentemente, ella siguió resistiendo, porque el matrimonio fue finalmente anulado por falta de consumación.
Segundo matrimonio
Su segundo matrimonio fue también un matrimonio político. Su intención era unificar el territorio en el sur y el norte de Francia. Sin embargo, esta vez había amor de por medio. Un contemporáneo escribió que "no tenía otro placer ni ocupación que hablar o escribirle [a su marido]. Lo hace en compañía y en privado... las aguas no pueden apagar la llama de su amor".
La pareja tuvo cinco hijos, dos de los cuales sobrevivieron hasta la edad adulta.
Reina de Navarra
El 25 de mayo de 1555 muere Enrique II de Navarra, momento en el que Juana y su marido se convierten en gobernantes conjuntos de Navarra. Juana y Antonio fueron coronados en una ceremonia conjunta según los ritos de la Iglesia Católica Romana el 18 de agosto de 1555 en Pau.
El marido de Juana murió el 17 de noviembre de 1562, por lo que durante los últimos diez años de su vida fue la única gobernante de Navarra.

Retrato de Juana de Albret por un artista de la escuela de François Clouet, 2º cuarto del siglo XVI
Religión
Durante la vida de Juana, la religión en Francia era un campo de batalla entre la iglesia católica y el calvinismo protestante de los hugonotes.
En cuanto a la religión, Juana recibió la influencia de su madre hacia la reforma religiosa, el pensamiento humanista y la libertad individual. Juana se convirtió al calvinismo el día de Navidad de 1560. Esta conversión la convirtió en la protestante de mayor rango en Francia.
Tras la imposición del calvinismo en su reino, los sacerdotes y las monjas fueron desterrados, las iglesias católicas destruidas y el ritual católico prohibido. Encargó la traducción del Nuevo Testamento al euskera y al bearnés para beneficio de sus súbditos.
La describen como "pequeña de estatura, frágil pero erguida". Era muy inteligente, pero austera y santurrona. Agrippa d' Aubigné, el cronista hugonote, describió a Juana como "una mente lo suficientemente poderosa como para guiar los más altos asuntos".
Además de sus reformas religiosas, Juana trabajó en la reorganización de su reino, realizando reformas duraderas en los sistemas económico y judicial de sus dominios.
Jeanne murió en París a causa de una fiebre (probablemente una enfermedad infecciosa) a la edad de 44 años.
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