Enrique IV (13 de diciembre de 1553 - 14 de mayo de 1610), Henri-Quatre, fue rey de Francia de 1589 a 1610 y rey de Navarra de 1572 a 1610. Formaba parte de la dinastía de los Capetianos y fue el primer rey de la familia de los Borbones en Francia.
Origen y juventud
Nació en Pau, en el seno de la Casa de Albret, como hijo de Antonio de Borbón, duque de Vendôme y príncipe de Navarra, y de Juana de Albret, reina de Navarra. Criado en el reino de Navarra (Bearn), recibió una educación con influencia protestante: su madre, Jeanne d'Albret, fue una destacada defensora del calvinismo, y Enrique se convirtió en uno de los líderes protestantes (huguenotes) más relevantes de su tiempo.
Camino al trono y guerras religiosas
Tras la muerte de su padre heredó el título de rey de Navarra en 1572. La Francia del siglo XVI estuvo marcada por las Guerras de Religión entre católicos y protestantes. Enrique de Navarra destacó como jefe militar huguenote y, tras la muerte sin descendencia de Enrique III en 1589, era el heredero legítimo al trono francés por línea dinástica. Su condición de protestante provocó la oposición de la Liga Católica y de muchos nobles, dando lugar a largos conflictos hasta su reconocimiento definitivo como monarca.
Conversión y coronación
Para asegurar la aceptación de la mayoría católica y pacificar el país, Enrique abjuró del calvinismo y se convirtió al catolicismo en 1593; a la conversión popularmente se le atribuye la frase "París bien vale una misa" (Paris vaut bien une messe), que sintetiza la decisión política de anteponer la estabilidad del reino. Fue coronado rey de Francia en Chartres en 1594, ya que Reims permanecía controlada por fuerzas enemigas en aquel momento.
Política de conciliación: el Edicto de Nantes
Uno de sus actos más relevantes fue la promulgación del Edicto de Nantes el 13 de abril de 1598. Con ese edicto garantizó a los huguenotes libertades civiles y religiosas limitadas, así como el derecho a la práctica del culto en determinados lugares y la posesión de ciudades fortificadas para su seguridad. El Edicto puso fin —al menos temporalmente— a las guerras religiosas y estableció una paz religiosa y política que permitió la reconstrucción del país.
Gobierno, reformas y obras
Enrique IV trabajó para restaurar la prosperidad tras décadas de conflicto. Con el apoyo de ministros competentes, especialmente Maximilien de Béthune, duque de Sully, aplicó medidas para sanear las finanzas reales, reorganizar la recaudación fiscal, promover la agricultura, fomentar la producción y el comercio y mejorar las infraestructuras. Impulsó obras públicas (puentes, carreteras y muros), favoreció la apertura de mercados y la atracción de población a tierras cultivables.
- Economía: políticas mercantilistas y esfuerzos para reducir la deuda real, reorganización administrativa y estímulo a la agricultura.
- Obras públicas: rehabilitación de vías y puentes (entre ellos el Pont Neuf fue finalizado e inaugurado durante su reinado), urbanismo en París y fomento de proyectos urbanos que modernizaron ciudades y facilitaron el comercio.
- Política exterior: búsqueda de alianzas y mantenimiento de la paz con potencias europeas para consolidar la posición francesa.
Familia y sucesión
Se casó inicialmente con Margarita de Valois (1572), enlace destinado a la reconciliación entre bandos, que terminó en separación y divorcio. En 1600 contrajo matrimonio con María de Médici, con la que tuvo a Luis XIII (nacido en 1601), su heredero y sucesor en el trono de Francia. Enrique tuvo también varios hijos ilegítimos reconocidos y mantuvo una vida privada muy activa y popular entre el pueblo.
Asesinato y legado
El 14 de mayo de 1610 Enrique IV fue asesinado en París por François Ravaillac, un fanático católico que lo apuñaló en una carroza. Su muerte sorprendió al reino en una fase de pacificación y reconstrucción. Fue enterrado en la Basílica de Saint-Denis.
Enrique IV dejó un legado ambivalente pero decisivo: puso fin a las guerras religiosas internas, restauró la estabilidad institucional y económica y abrió el camino para el fortalecimiento de la monarquía que se consolidaría con su hijo Luis XIII y con figuras como el cardenal Richelieu. Por su carácter pragmático y popularidad entre amplios sectores, ha pasado a la historia como el "Buen Rey Enrique" (le bon roi Henri), recordado por su capacidad de reconciliación y por sentar las bases de la Francia moderna.