Adulterio es un término usado en contextos legales, sociales y religiosos para describir la conducta en la que una persona casada mantiene relaciones sexuales con alguien que no es su cónyuge. El término aparece en textos religiosos, por ejemplo en la referencia tradicional a Éxodo 20:14, y ha sido objeto de distintas interpretaciones morales y jurídicas según épocas y culturas. En su uso común se aplica a la persona casada que se acuesta con otra fuera del matrimonio.
Las sanciones y las consecuencias del adulterio varían considerablemente. En ciertos países, incluidas algunas jurisdicciones de mayoría musulmana, las leyes o prácticas tradicionales han previsto penas severas; la aplicación y la forma de esas penas difieren y son objeto de controversia internacional y de críticas por parte de organizaciones de derechos humanos. En muchas jurisdicciones contemporáneas el adulterio dejó de considerarse un delito penal y pasó a valorarse principalmente como un hecho relevante en el ámbito del derecho de familia. Sin embargo, en el plano social y religioso muchas personas aún lo consideran moralmente reprobable (véase, por ejemplo, el Evangelio de Juan 8).
En el derecho civil el adulterio suele tener efectos prácticos: puede influir en procedimientos sobre separación, custodia, pensión alimenticia y reparto de bienes. Cuando se alega adulterio, el cónyuge afectado normalmente puede acudir a los tribunales para iniciar procesos de ruptura matrimonial o de nulidad y, en algunos sistemas, para reclamar indemnizaciones; en otros, la existencia de relaciones extramatrimoniales sólo se considera como uno entre varios factores relevantes al resolver cuestiones patrimoniales o de custodia tras el divorcio.
Etimología: la palabra «adulterio» procede del latín medieval adulterium, derivado del verbo adulterare, que significa corromper o hacer impuro. Ese verbo contiene el prefijo ad- (hacia) y una raíz relacionada con alter (otro), y el sufijo verbal latino -are. No está etimológicamente relacionado con «adulto», que proviene de la forma latina vinculada a adolescere (crecer, hacerse mayor).
Las actitudes sociales, la regulación legal y las consecuencias personales del adulterio siguen evolucionando. En el análisis contemporáneo se suelen considerar factores como la autonomía sexual, la igualdad de género, el consentimiento, la privacidad y el interés superior del menor, así como la diferencia entre sanciones penales y medidas civiles o administrativas.

