El Parlamento Corto de la historia inglesa duró del 13 de abril al 5 de mayo de 1640. Se llama "Corto" porque sólo duró tres semanas.


 

Contexto

El llamado Parlamento Corto se produjo al final de los once años en que el rey Carlos I gobernó sin convocar a las cámaras (el llamado "Personal Rule" o "Gobierno Personal"). Tras los conflictos religiosos y políticos con los presbiterianos escoceses —las llamadas Guerras de los Obispos o Bishops' Wars—, el rey necesitaba dinero para sufragar una nueva campaña militar. Con la urgencia financiera y la presión militar, Carlos I convocó al Parlamento en abril de 1640 esperando conseguir subsidios.

Desarrollo y disolución

Al llegar los diputados, la Cámara de los Comunes no aceptó conceder fondos inmediatamente. Muchos miembros exigieron primero que se atendieran quejas sobre impuestos arbitrarios (como el ship money), la política religiosa promovida por el arzobispo William Laud y la administración del reino, criticada por ministros como Thomas Wentworth, conde de Strafford. La insistencia en tratar los agravios antes que otorgar dinero hizo fracasar las negociaciones. Ante la negativa de los Comunes a aprobar los subsidios sin garantías, Carlos I disolvió el Parlamento el 5 de mayo de 1640.

Consecuencias

  • La disolución dejó al rey sin los fondos necesarios y aumentó la crisis política: la debilidad de su posición le obligó poco después a negociar con los escoceses y, finalmente, a convocar nuevamente al Parlamento en noviembre de 1640 (el llamado Parlamento Largo).
  • El episodio fortaleció la determinación de muchos parlamentarios de controlar el gasto real y corregir los abusos del poder real; marcó un paso importante hacia la confrontación abierta entre la Corona y el Parlamento.
  • El fracaso del Parlamento Corto contribuyó directamente a las tensiones que desembocaron en la Guerra Civil inglesa (1642–1651).

Significado histórico

Aunque breve, el Parlamento Corto tuvo gran relevancia simbólica y práctica: mostró que el Parlamento ya no estaba dispuesto a otorgar impuestos sin condiciones y que las peticiones de reforma institucional y religiosa formaban parte inseparable de cualquier apoyo financiero al rey. Fue un preludio decisivo del largo conflicto que alteraría profundamente la monarquía inglesa y el equilibrio de poderes en el reino.