La lengua de signos nicaragüense (comúnmente abreviada LSN) se formó de manera espontánea entre escolares sordos de Nicaragua en los años 70 y 80. Esta lengua es de especial interés para los lingüistas, porque ofrece un caso único para observar cómo nace y evoluciona una lengua desde sus etapas iniciales hasta una gramática establecida.

Contexto histórico y escolar

Antes de la década de 1970, las personas sordas en Nicaragua vivían mayoritariamente aisladas y se comunicaban con gestos domésticos muy simples. En 1977 se puso en marcha un programa especial para sordos en un suburbio de Managua, al que acudieron inicialmente unos cincuenta niños. Con el cambio político y la llegada de los sandinistas el número de alumnos creció; en 1980 se abrió una escuela de formación profesional para sordos en otra zona de Managua y, en 1983, ambas instituciones reunían alrededor de 400 alumnos.

Del gesto individual a la interacción colectiva

La enseñanza en las escuelas se enfocó principalmente en la lectura labial y en el uso de un alfabeto manual para representar el español. Estos métodos resultaron poco eficaces: la mayoría de los alumnos tenía dificultades para del español mediante esos sistemas. Al tiempo, los niños —aislados entre sí durante años— comenzaron a recurrir a los recreos y al tiempo libre para comunicarse y, en ese contexto de interacción intensa, surgió un sistema de signos compartido.

Los elementos gestuales usados en el hogar y por distintos alumnos se combinaron en un pidgin gestual, una forma de comunicación simplificada que permitía interactuar pero carecía de estructuras gramaticales complejas. Con el paso del tiempo y, especialmente, con la entrada de cohortes más jóvenes de niños a la escuela, ese pidgin se expandió y se reorganizó hasta convertirse en una lengua criolla plena, con reglas sistemáticas y capacidad para expresar ideas complejas. Los alumnos que habían dejado la escuela antes de esa consolidación siguieron usando la forma pidgin original.

Investigación y descubrimientos clave

Los propios profesores y administradores escolares no reconocieron inicialmente que se estaba gestando una nueva lengua; observaban sobre todo la dificultad para aprender el español y algunas mímicas aisladas. En 1986 llamaron a la investigadora Judi Kegl para que analizara el sistema de signos. Ella constató que la variedad usada por los alumnos más jóvenes ya había desarrollado una estructura mucho más compleja: presentaba una gramática fija y patrones organizados en la disposición de los verbos y otros constituyentes.

Ese proceso —de un sistema simplificado creado por usuarios adultos a una lengua con gramática emergente creada por niños— fue documentado por Kegl y por investigadores posteriores (por ejemplo, Ann Senghas y Marie Coppola) y se ha convertido en evidencia empírica central para teorías sobre la adquisición del lenguaje y la existencia de predisposiciones cognitivas para estructurar la comunicación humana.

Rasgos lingüísticos de la LSN

Aunque existen variaciones entre generaciones y regiones, la LSN muestra rasgos típicos de lenguas visual-gestuales:

  • Uso del espacio para marcar relaciones gramaticales y para la concordancia verbal mediante la modulación espacial de los signos.
  • Clasificadores y predicados classifier que representan la forma, movimiento y manipulación de objetos.
  • Estrategias de tópico-comentario; a menudo se marca el tema al inicio de la frase y se da la información nueva después.
  • Marcadores no manuales (mirada, inclinación de cabeza, expresión facial) que funcionan como prosodia y como indicadores sintácticos o pragmáticos.

Importancia sociolingüística y científica

La historia de la LSN ha tenido impacto más allá de Nicaragua: ha influido en debates sobre el periodo crítico del lenguaje, sobre cómo los niños pueden crear gramáticas a partir de input limitado, y sobre las similitudes y diferencias entre lenguas orales y de señas. Además, la existencia y visibilidad de la LSN han reforzado las demandas de mejores servicios educativos y de inclusión para la comunidad sorda nicaragüense.

Situación actual y perspectivas

Hoy la LSN continúa usándose y desarrollándose dentro de la comunidad sorda de Nicaragua. La investigación sigue aportando datos sobre su variación interna, su evolución intergeneracional y su enseñanza. El caso nicaragüense permanece como un laboratorio natural para entender cómo emergen las lenguas y qué mecanismos cognitivos y sociales intervienen en su formación.

En resumen, la Lengua de Señas de Nicaragua es un ejemplo excepcional de creación lingüística colectiva: comenzó como un pidgin entre niños y se consolidó, gracias sobre todo a la aportación de cohortes más jóvenes, en una lengua criolla con estructura y reglas propias, cuyos rasgos fueron identificados y analizados por especialistas como Judi Kegl (quien comparó también con sistemas como el de signos americano) y otros investigadores interesados en la lengua humana y su adquisición.