Los Mollicutes son una clase de bacterias caracterizadas por la ausencia de pared celular bacteriana; por eso son pleomórficas (adoptan formas variables) y su membrana citoplasmática es la estructura protectora principal. El Mycoplasma es el género más conocido entre ellos.

Son extremadamente pequeños —del orden de 0,2–0,3 μm— y poseen un genoma muy reducido; algunas especies (por ejemplo, Mycoplasma genitalium) tienen genomas entre los más pequeños conocidos para organismos capaces de vida independiente. Esta simplicidad genética los convierte en modelos para estudios sobre el genoma mínimo necesario para la vida.

Morfología y fisiología

Al carecer de pared celular, los Mollicutes no reaccionan a los antibióticos que actúan sobre la síntesis de peptidoglucano (p. ej., los beta-lactámicos). Su membrana contiene esteroles (como el colesterol) que les confieren estabilidad, por lo que los medios de cultivo deben aportar estas moléculas para permitir su crecimiento in vitro. Se reproducen por fisión binaria y, aunque son pequeños, muestran diversos modos de motilidad: la mayoría se desplazan deslizándose por las superficies celulares del huésped, mientras que los Spiroplasma son helicoidales y se mueven retorciéndose (motilidad por torsión).

Ecología y hospedadores

Los Mollicutes son parásitos u organismos asociados a diversos animales y plantas, habitando superficies mucosas o el interior de las células del huésped. Muchos son comensales benignos, pero varios causan enfermedades en humanos, animales domésticos y cultivos agrícolas.

En humanos, especies de Mycoplasma y otros géneros como Ureaplasma se adhieren a las células de los pulmones o de los conductos sexuales (por ejemplo la uretra) y provocan infecciones respiratorias y urogenitales. Entre las enfermedades humanas más conocidas está la neumonía atípica producida por Mycoplasma pneumoniae, además de uretritis y complicaciones reproductivas asociadas a Ureaplasma y a Mycoplasma genitalium.

En plantas, los representantes como Phytoplasma y algunos Spiroplasma son patógenos de cultivos, transmitidos por vectores de insectos chupadores de savia. Insectos como saltahojas y otros hemípteros introducen estos organismos con sus partes bucales al alimentarse; las plantas afectadas muestran síntomas como amarillamiento, enanismo, phyllody (transformación de flores en hojas), y la típica "escoba de bruja" (witches' broom) por proliferación anómala de brotes, lo que provoca pérdidas de producción importantes.

Diagnóstico, cultivo y tratamiento

El diagnóstico de infecciones por Mollicutes puede ser laborioso: algunos se aíslan en medios especiales que contienen esteroles y nutrientes complejos, pero muchos requieren técnicas moleculares (PCR) o pruebas serológicas para una detección rápida y sensible. La naturaleza fastidiosa de su cultivo explica por qué la PCR y secuenciación son herramientas habituales hoy en día.

Desde el punto de vista terapéutico, la ausencia de pared celular implica resistencia intrínseca a antibióticos β‑lactámicos y glicopéptidos. Los tratamientos efectivos suelen incluir macrólidos (p. ej. azitromicina), tetraciclinas (doxiciclina) o fluoroquinolonas, según la especie, la localización de la infección y los patrones locales de resistencia. En los últimos años se ha observado un aumento de resistencia a macrólidos en algunas especies de Mycoplasma, lo que complica el manejo clínico y subraya la importancia del diagnóstico preciso y la vigilancia de resistencia.

Control en agricultura

Para enfermedades vegetales causadas por Phytoplasma y Spiroplasma, las medidas de control se centran en el manejo de vectores (control de insectos chupadores), desinfección sanitaria de material vegetativo, eliminación de plantas infectadas y uso de variedades resistentes cuando existen. La protección integrada y la detección temprana son claves para limitar la diseminación en cultivos.

Importancia científica

Los Mollicutes son de gran interés científico por su genoma reducido y por ser modelos para estudiar los mínimos requisitos para la vida celular y la evolución reductiva. Además, su singular biología (falta de pared, requerimientos lipídicos, motilidad especial) ofrece perspectivas sobre interacciones huésped-patógeno y mecanismos de evasión inmune.

En resumen, los Mollicutes son bacterias atípicas, pequeñas y sin pared celular, con relevancia clínica y agrícola: su diagnóstico y tratamiento requieren enfoques específicos, y su biología continúa siendo objeto de investigación activa.