Pequeña Edad de Hielo: ¿qué fue, cuándo y por qué?

Descubre qué fue la Pequeña Edad de Hielo, cuándo ocurrió y por qué sucedió: causas, periodización y sus efectos climáticos e históricos.

Autor: Leandro Alegsa

Pequeña Edad de Hielo (LIA) fue un periodo de enfriamiento relativo que siguió a una fase más cálida conocida como el Periodo Cálido Medieval. No fue una “edad de hielo” en el sentido estricto (no hubo glaciación global como en las grandes eras glaciales), sino una etapa con temperaturas más frías, sobre todo en el Hemisferio Norte y en regiones del Atlántico Norte.

Cuándo ocurrió

No hay consenso exacto sobre fechas de inicio y fin. Dependiendo de las fuentes y de las regiones, la LIA se ha fechado entre c. 1300 y 1850, o más estrechamente entre los siglos XVI y XIX. Muchas reconstrucciones identifican tres mínimos fríos importantes: uno que comenzó hacia 1650 (coincidiendo con el llamado Maunder Minimum, c. 1645–1715), otro alrededor de 1770–1800 (relacionado con variaciones solares y actividad volcánica, cerca del Dalton Minimum, c. 1790–1830) y un último mínimo hacia 1850. Entre esos mínimos hubo intervalos de recuperación o calentamiento parcial.

Por qué ocurrió (causas principales)

La ciencia actual explica la LIA como resultado de la combinación de varios factores, no de una sola causa:

  • Variaciones solares: periodos con menor actividad solar (menos manchas solares) redujeron ligeramente la irradiancia recibida por la Tierra.
  • Erupciones volcánicas: grandes erupciones inyectaron aerosoles y partículas en la estratosfera, reflejando la radiación solar y provocando enfriamientos temporales que, si se repiten, pueden inducir un enfriamiento prolongado.
  • Variabilidad interna del clima: cambios en las corrientes oceánicas (por ejemplo variaciones en la circulación meridional del Atlántico) y en la extensión del hielo marino pueden amplificar el enfriamiento regional.
  • Acciones humanas locales: deforestación, cambios en el uso del suelo y emisión de hollín en ciertas regiones pueden haber tenido efectos climáticos locales o regionales.

La combinación de estos factores y las retroalimentaciones (por ejemplo, más hielo que aumenta la reflexión de la luz) explican que el enfriamiento fuera más marcado en algunas zonas que en otras.

Cómo sabemos lo que ocurrió (evidencias)

Los científicos reconstruyen la LIA usando múltiples “proxies” y fuentes históricas:

  • Anillos de árboles: indican variaciones en temperatura y precipitación anuales.
  • Núcleos de hielo: registran cenizas volcánicas, composición isotópica y gases atrapados.
  • Sedimentos lacustres y marinos: señalan cambios en la productividad y la temperatura del agua.
  • Corales y estalagmitas: aportan señales de temperatura y precipitación.
  • Documentos históricos: relatos de ríos congelados, fechas de cosecha, precios de alimentos y crónicas que describen inviernos severos o malas cosechas.

Consecuencias

  • Agrícolas y sociales: estaciones de crecimiento más cortas, malas cosechas y hambrunas en varias regiones europeas y asiáticas; esto contribuyó a tensiones sociales y migraciones.
  • Hidrográficas y marítimas: ríos como el Támesis llegaron a congelarse con mayor frecuencia y se registraron avances de glaciares en zonas montañosas.
  • Impacto regional: algunos lugares sufrieron enfriamiento notable, mientras que otras áreas tuvieron cambios menores o incluso ligeros aumentos de temperatura. No fue un enfriamiento homogéneo en todo el planeta.
  • Cultural: la LIA dejó huella en el arte, la literatura y la política (por ejemplo, escenas de mercados de invierno en pinturas del Norte de Europa y relatos de malas cosechas).

Importancia para el presente

La LIA es útil para entender la variabilidad natural del clima y cómo reacciona el sistema climático a forzamientos naturales (volcanes, sol) y a la variabilidad interna. Sin embargo, las causas y la magnitud del enfriamiento de la LIA son distintas de las que explican el calentamiento global reciente, que se debe principalmente al aumento de gases de efecto invernadero de origen humano. Estudiar la LIA ayuda a mejorar los modelos climáticos y a estimar la sensibilidad del clima ante diferentes forzamientos.

En resumen: la Pequeña Edad de Hielo fue un periodo climático más frío en varias regiones (especialmente en el Atlántico Norte y Europa) con impactos sociales y ambientales importantes; sus fechas y causas exactas siguen siendo objeto de investigación, pero hoy se entiende como el resultado de múltiples factores naturales combinados con variaciones regionales.

La profundidad reconstruida de la Pequeña Edad de Hielo varía entre los distintos estudios (las anomalías mostradas son del periodo de referencia 1950-80).Zoom
La profundidad reconstruida de la Pequeña Edad de Hielo varía entre los distintos estudios (las anomalías mostradas son del periodo de referencia 1950-80).

Actividad solar

Durante el periodo 1645-1715, en plena Pequeña Edad de Hielo, hubo un periodo de baja actividad solar conocido como el Mínimo de Maunder. No se ha establecido la relación física entre la baja actividad de las manchas solares y el enfriamiento de las temperaturas, pero la coincidencia del Mínimo de Maunder con la depresión más profunda de la Pequeña Edad de Hielo sugiere dicha conexión. El Mínimo de Spörer también se ha identificado con un importante periodo de enfriamiento cerca del comienzo de la Pequeña Edad de Hielo. Otros indicadores de la baja actividad solar durante este periodo son los niveles de los isótopos carbono-14 y berilio-10.

Eventos de actividad solar registrados en el radiocarbono.Zoom
Eventos de actividad solar registrados en el radiocarbono.

Actividad volcánica

Durante la Pequeña Edad de Hielo, el mundo también experimentó una mayor actividad volcánica. Cuando un volcán entra en erupción, sus cenizas llegan a lo alto de la atmósfera y pueden extenderse hasta cubrir toda la Tierra. Esta nube de ceniza bloquea parte de la radiación solar entrante, lo que provoca un enfriamiento mundial que puede durar hasta dos años después de una erupción.

Cierre del transportador oceánico

Otra posibilidad es que se produjera una interrupción o ralentización de la circulación termohalina, también conocida como "gran transportador oceánico" o "circulación meridional basculante". La corriente del Golfo podría haberse interrumpido por la introducción de una gran cantidad de agua dulce en el Atlántico Norte, posiblemente causada por un periodo de calentamiento anterior a la pequeña edad de hielo. Existe cierta preocupación de que la interrupción de la circulación termohalina pueda volver a producirse como consecuencia del calentamiento global.

Fin de la Pequeña Edad de Hielo

A partir de 1850, el clima comenzó a calentarse y terminó la Pequeña Edad de Hielo. Algunos críticos del calentamiento global creen que el clima de la Tierra aún se está recuperando de la Pequeña Edad de Hielo y que la actividad humana no es el factor decisivo en las tendencias actuales de la temperatura, pero esta idea no es ampliamente aceptada.



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