Lifeline es una organización sin ánimo de lucro que ofrece asistencia telefónica y apoyo en crisis de forma gratuita las 24 horas del día para personas que atraviesan dificultades emocionales o pensamientos suicidas. Sus servicios son confidenciales, no buscan obtener beneficio económico y están disponibles para cualquiera que los necesite. El servicio telefónico nacional puede complementarse con chat en línea y con atención cara a cara en centros locales. Lifeline está atendido principalmente por personas conocidas como Volunteer Crisis Supporters (voluntarios/as de apoyo en crisis), que reciben formación especializada para ofrecer escucha activa, contención emocional y derivación a servicios profesionales cuando es necesario.

Los voluntarios y el personal de Lifeline ayudan en situaciones como pensamientos de suicidio, crisis por depresión, ansiedad aguda, problemas familiares, pérdida reciente, aislamiento social y otras emergencias psicológicas. Además de la intervención inmediata, ofrecen información y orientación para acceder a servicios de salud mental y recursos comunitarios. Cada año se gestionan cientos de miles de contactos: llamadas, chats y consultas presenciales destinadas a brindar apoyo inmediato y prevenir daños.

Además del servicio directo a las personas, muchos centros de Lifeline desarrollan actividades comunitarias y programas de prevención: grupos de apoyo, talleres, formación para empresas y escuelas, y actividades de sensibilización sobre salud mental y prevención del suicidio. Algunos de estos servicios locales también prestan ayuda práctica, como apoyo para personas mayores o asistencia puntual para cubrir necesidades básicas.

Para financiar su trabajo, Lifeline cuenta con tiendas benéficas y puntos de venta donde se venden ropa y muebles, donados por la comunidad. Lifeline cuenta con más de 260 puntos de venta en toda Australia que venden ropa y muebles para obtener el dinero suficiente para pagar la formación y el espacio de oficinas que utilizan. Estas tiendas —conocidas comúnmente como “op-shops”— ayudan a sufragar los costos operativos y la formación continua de los voluntarios. Además, algunos centros reciben subvenciones gubernamentales o donaciones que permiten ofrecer apoyos adicionales, como proporcionar teléfonos móviles a personas que los necesitan para contactar con servicios de ayuda.

Si te preocupa la seguridad de alguien (o la tuya), hay acciones concretas que pueden ayudar a reducir el riesgo y buscar apoyo inmediato:

  • Escuchar sin juzgar y mostrar preocupación genuina.
  • Animar a la persona a hablar y a aceptar ayuda profesional o de servicios comunitarios.
  • No dejar a la persona sola si existe riesgo inmediato; contactar a servicios de emergencia si es necesario.
  • Eliminar o asegurar objetos que puedan usarse para autolesionarse (medicamentos, armas, objetos afilados).
  • Contactar con Lifeline o derivar a la persona a servicios locales de salud mental.

Es importante recordar que, en situaciones de peligro inminente, hay que llamar al número de emergencias (000 en Australia) o acudir al servicio de urgencias más cercano. Para crisis emocionales o pensamientos suicidas que no requieran intervención inmediata de emergencia, Lifeline ofrece apoyo las 24 horas: hablar con alguien que puede escuchar y ayudar a planificar los pasos siguientes. Según datos históricos, el informe de 2010 registró 2.361 muertes por suicidio en Australia, 480 muertes más que en 2007, lo que subraya la necesidad continua de servicios de prevención y redes de apoyo comunitario.

Si estás en crisis o necesitas hablar con alguien ahora: busca el servicio Lifeline de tu zona o llama al teléfono nacional. Si sospechas que alguien corre peligro inmediato, llama al 000. Pedir ayuda es un paso valiente y puede salvar vidas.