Las Archamoebas son un importante grupo de amebas. Son inusuales entre los protistas porque no tienen mitocondrias.

El grupo incluye muchos géneros que son parásitos internos o comensales de animales: por ejemplo, Entamoeba y Endolimax. Algunos son patógenos humanos y causan enfermedades como la disentería amebiana. Otros géneros de archamoebas viven en hábitats de agua dulce y tienen flagelos. La mayoría tiene un solo núcleo y un solo flagelo, pero la ameba gigante Pelomyxa tiene muchos de cada uno.

El análisis de 100 genes muestra que las Archamoebae forman parte de los Amoebozoa que han perdido sus mitocondrias. Son parientes cercanos de los mohos del limo. Las formas parasitarias y comensales, como Entamoeba y Endolimax, se desarrollaron por separado a partir de sus ancestros de vida libre.

Características celulares y orgánulos

Aunque las archamoebas carecen de las mitocondrias típicas, muchas conservan restos funcionales de esos orgánulos: mitosomas o hidrogenosomas, según la especie. Estos remanentes no llevan a cabo la respiración aerobia convencional, pero participan en rutas metabólicas esenciales (p. ej., ensamblaje de grupos hierro-azufre) y en algunos casos generan H2 mediante hidrogenosomas. Muchas archamoebas también albergan bacterias endosimbióticas que contribuyen a su metabolismo, sobre todo en ambientes anóxicos.

Ecología y diversidad

El grupo incluye tanto formas de vida libre como organismos asociados a animales. Las formas de agua dulce y sedimentos anóxicos (p. ej., Mastigamoeba, Pelomyxa) suelen vivir en suelos o lodos ricos en materia orgánica y presentan adaptaciones a bajas concentraciones de oxígeno. Las formas con flagelos alternan en ocasiones entre fases ameboides y flageladas. Por otra parte, los géneros Entamoeba, Endolimax e Iodamoeba se encuentran en el intestino de diversos animales, incluido el ser humano.

Importancia médica

Entre las archamoebas, Entamoeba histolytica es la especie más relevante en salud pública: puede causar amebiasis intestinal y, en casos invasivos, abscesos hepáticos. La transmisión suele ocurrir por ingestión de quistes presentes en agua o alimentos contaminados. La amebiasis tiene dos estadios principales: quiste (resistente, infectante) y trofozoíto (activo, patógeno).

El diagnóstico incluye examen microscópico de heces, pruebas de antígeno, PCR y serología (sobre todo para enfermedad extraintestinal). En cuanto al tratamiento, las infecciones invasivas se tratan habitualmente con un antiparasitario sistémico como metronidazol seguido de un agente luminal (por ejemplo, paromomicina o diloxanida furoato) para erradicar los quistes intestinales. Otras archamoebas intestinales (Endolimax, Iodamoeba) suelen ser no patógenas, pero pueden confundirse en el laboratorio con especies patógenas.

Filogenia y evolución

Los estudios moleculares basados en muchos genes muestran que las archamoebas no forman un linaje separado fuera de los Amoebozoa, sino que son miembros derivados de este grupo que han perdido las mitocondrias clásicas. La pérdida de mitocondrias parece haber ocurrido de forma convergente o secundaria en líneas que se adaptaron a ambientes anaeróbicos o al parasitismo. Esto explica la proximidad filogenética a los mohos del limo y otras amebas con estructuras celulares similares.

Prevención y control

La prevención de las infecciones por archamoebas intestinales se basa en medidas de salud pública y conducta individual: garantizar agua potable segura, higiene alimentaria, lavado de manos y saneamiento. En contextos clínicos, el diagnóstico adecuado y el tratamiento completo son clave para evitar la transmisión y las recidivas.

En resumen, las Archamoebas constituyen un grupo diverso de amebas adaptadas a ambientes con poco oxígeno o a la vida dentro de hospedadores. Su falta de mitocondrias convencionales y la presencia de remanentes orgánulos y endosimbiontes son rasgos que las diferencian y explican muchas de sus adaptaciones ecológicas y patológicas.