El territorialismo, también conocido como estatismo (pero no debe confundirse con otra creencia también llamada estatismo), fue un movimiento político judío relacionado con el sionismo. El pueblo judío quería una tierra para vivir juntos. No tenía que ser necesariamente la patria bíblica judía en la tierra donde hoy se encuentra el Estado de Israel, y no tenía que ser necesariamente su propio país.
Orígenes y contexto
El territorialismo surgió a finales del siglo XIX y comienzos del XX como una respuesta práctica a las persecuciones, pogromos y circunstancias de emergencia que vivían muchas comunidades judías en Europa del Este. Mientras que el sionismo político —liderado por figuras como Theodor Herzl— aspiraba a establecer un hogar nacional en la histórica Palestina, los territorialistas proponían buscar cualquier territorio viable donde pudiera asentarse colectivamente el pueblo judío y garantizar su seguridad y autonomía, sin exigir que ese territorio fuera la patria histórica.
Organizaciones y figuras clave
- Israel Zangwill (1864–1926): escritor y activista británico, fundó en 1905 la Jewish Territorial Organisation (JTO) después de separarse de la corriente dominante del sionismo. Zangwill defendía soluciones territoriales prácticas y urgentes.
- Isaac Nachman Steinberg (1888–1957): abogado y político, fundó en 1935 la Freeland League for Jewish Territorial Colonization, que buscó alternativas de asentamiento fuera de Palestina para refugiados judíos en la década de 1930 y durante la II Guerra Mundial.
- Otras personalidades y comités locales también exploraron propuestas territoriales, a menudo en coordinación con gobiernos o particulares interesados en recibir inmigración judía.
Propuestas y proyectos notables
Entre los episodios más conocidos vinculados al territorialismo y a la búsqueda de soluciones territoriales se encuentran:
- La propuesta de Uganda (1903): presentada por el gobierno británico al movimiento sionista como posibilidad de refugio temporal en África oriental. La propuesta provocó una fuerte controversia y una división dentro del movimiento sionista; algunos la aceptaron como solución provisional y otros la rechazaron por motivos históricos y religiosos.
- Birobidzhan (1934): la creación de la Región Autónoma Judía en el Lejano Oriente soviético fue una iniciativa estatal de la URSS para asentar a judíos en una región específica; aunque estuvo alineada con la idea de un territorio judío, la experiencia tuvo resultados limitados y complejos.
- Sosúa (República Dominicana, finales de los años 30): tras la Conferencia de Évian (1938) y una oferta dominicana para aceptar refugiados judíos, se estableció un asentamiento agrícola en Sosúa donde llegaron varios centenares de judíos europeos.
- Además hubo exploraciones y estudios sobre otras regiones—por gobiernos o por organizaciones privadas—que evaluaron mogelijkheden en distintas partes del mundo; la mayoría no prosperaron a gran escala.
Recepción, críticas y declive
El territorialismo recibió tanto apoyo pragmático como fuertes críticas. Sus defensores apelaban a la urgencia y a la necesidad de salvar vidas mediante asentamientos reales y rápidos. Sus críticos (muchos sionistas) consideraban que solo la tierra histórica de Palestina ofrecía la base nacional legítima y duradera para un renacimiento judío. Con el tiempo, varias circunstancias inclinaron la balanza en favor del sionismo centrado en Palestina:
- El apoyo diplomático y simbólico a la idea de un hogar nacional judío en Palestina (por ejemplo, la Declaración Balfour de 1917).
- La creación de instituciones y una infraestructura colectiva importante en Palestina durante el Mandato británico.
- El impacto moral y político del Holocausto, que aumentó el apoyo internacional a una solución nacional en Palestina y condujo finalmente a la partición de 1947 y la creación del Estado de Israel en 1948.
Legado
Aunque el territorialismo como corriente organizada perdió prominencia tras la consolidación del sionismo y la creación del Estado de Israel, dejó varias huellas:
- Proyectos concretos de asentamiento (como Sosúa) que sobrevivieron y forman parte de la memoria local e histórica.
- La experiencia de Birobidzhan, que todavía existe administrativamente como Región Autónoma Judía en Rusia y es objeto de interés histórico y cultural.
- Un legado conceptual: la idea de priorizar soluciones prácticas para refugiados y la discusión sobre modelos alternativos de autonomía nacional siguieron influyendo en debates políticos y humanitarios posteriores.
En resumen, el territorialismo fue una alternativa práctica y urgente frente a la persecución que priorizaba la seguridad colectiva y el establecimiento de una comunidad judía autónoma en cualquier territorio viable. Sus éxitos fueron limitados y su influencia decayó tras las transformaciones políticas del siglo XX, pero constituye una pieza importante para comprender las variadas respuestas judías a la crisis y al nacionalismo moderno.