Alam Shah fue el cuarto y último gobernante de la dinastía Sayyid en el Sultanato de Delhi. Sucedió en el trono a su padre, Muhammad Shah, pero su gobierno se caracterizó por la debilidad y la pérdida progresiva de autoridad real.
Según las fuentes de la época, el territorio efectivo bajo su control se había reducido considerablemente: el poder de la corte apenas llegaba más allá de Delhi y sus alrededores, hasta el suburbio de Palam. Frente a la fragmentación del poder central y al ascenso de señores regionales, Alam Shah mostró escasa capacidad militar y administrativa.
En 1448, Alam Shah abandonó la capital y se retiró a Budaun, dejando el gobierno en manos de funcionarios y nobles locales. Su retirada fue interpretada por los cronistas como una forma de abdicación o de retiro voluntario; en cualquier caso, abrió la puerta a una transferencia de poder. Tres años después, en 1451, Bahlul Lodi, un líder afgano que ya había acumulado influencia y apoyos entre los nobles y los militares, entró en Delhi y tomó el control de la capital, poniendo fin efectivo a la dinastía Sayyid e iniciando la dinastía Lodi.
Las consecuencias de este cambio fueron importantes: la salida de Alam Shah puso de manifiesto la fragilidad del Sultanato de Delhi en el siglo XV, marcado por el predominio de caudillos regionales y la decadencia del poder central. La llegada de los Lodi reorganizó temporalmente la autoridad en el norte de la India, pero también preparó el terreno para nuevas transformaciones políticas en las décadas siguientes.
En la historiografía, Alam Shah suele aparecer como un monarca de escaso carácter político, más inclinado al retiro que a la confrontación. Pasó sus últimos años fuera de Delhi y, aunque figura en las crónicas, su reinado queda asociado principalmente al epílogo de la dinastía Sayyid y al traspaso pacífico del poder a los Lodi.