El reflejo de enderezamiento del gato es la capacidad natural del gato de darse la vuelta al caer para caer de pie. Se trata de un conjunto de reacciones rápidas y coordinadas que involucran el oído interno (sistema vestibular), la vista, la columna vertebral y la musculatura. Este reflejo comienza a aparecer a las 3-4 semanas de edad y el animal lo domina alrededor de las 6-7 semanas; por eso los gatitos muy jóvenes no pueden realizarlo correctamente. Los gatos son capaces de hacerlo porque tienen una columna vertebral muy flexible y una clavícula que no está articulada con el resto del esqueleto, lo que les permite rotar el tronco con gran amplitud. La altura mínima necesaria para que esto ocurra con seguridad en la mayoría de los gatos suele ser de unos 30 cm, ya que se necesita espacio para completar las rotaciones.
Cómo funciona el reflejo
El proceso es rápido y se realiza en fracciones de segundo. Primero el gato orienta la cabeza usando el sistema vestibular y la vista; luego rota el tórax independientemente de la pelvis: suele mover primero las patas delanteras y después las traseras, reduciendo momentáneamente su momento de inercia para facilitar la rotación. Finalmente extiende las patas y arquea la columna para preparar el impacto, adoptando una postura que ayuda a amortiguar el golpe. Aunque la cola ayuda en el ajuste fino de la orientación en algunos animales, los gatos sin cola también pueden realizar el enderezamiento, porque la mayor parte de la rotación se consigue con el movimiento de las patas y el tronco, y no depende únicamente de la cola.
Limitaciones y riesgos
Gracias a este reflejo de enderezamiento, muchos gatos aterrizan sin lesionarse. Sin embargo, no es infalible: caídas desde alturas bajas pueden no dar tiempo al gato para completar la maniobra, y caídas desde alturas muy grandes pueden causar lesiones graves. Entre las lesiones habituales tras caídas se encuentran fracturas de extremidades, fracturas de pelvis, traumatismos torácicos (incluyendo neumotórax), contusiones internas y, en casos extremos, la muerte.
Estudio sobre caídas desde edificios (1987)
En un estudio de 1987, publicado en el Journal of the American Veterinary Medical Association, se examinaron 132 gatos después de haber caído de edificios. Los autores observaron que las lesiones aumentaban con la altura hasta alrededor de siete pisos; por encima de esa altura las lesiones reportadas eran menores. Los investigadores sugirieron que, después de caer aproximadamente cinco pisos, los gatos alcanzan la velocidad terminal, momento en el que suelen relajarse y extender sus cuerpos para aumentar el arrastre y disminuir la severidad del impacto.
Prevención y qué hacer si un gato cae
- Prevención: instalar mosquiteras o barrotes en ventanas, supervisar balcones, mantener puertas y ventanas cerradas o aseguradas y evitar dejar al gato sin vigilancia en lugares altos. Si el gato sale al exterior, usar arnés y correa en espacios abiertos o bien cajas y zonas seguras.
- Actuar tras la caída: si un gato ha caído, obsérvalo atentamente y busca signos de dificultad para respirar, sangrado, incapacidad para ponerse de pie, dolor evidente, vómitos, aturdimiento o letargo. Aunque parezca caminar bien, es recomendable llevarlo al veterinario para una evaluación completa, porque puede haber lesiones internas no aparentes.
- Primeros cuidados: mantener al animal abrigado y en calma, minimizar movimientos para evitar agravar fracturas, controlar hemorragias con compresión suave y acudir lo antes posible al veterinario. No administre medicamentos humanos sin indicación profesional.
En resumen, el reflejo de enderezamiento es una impresionante adaptación que ayuda a muchos gatos a reducir las consecuencias de una caída, pero no los hace invulnerables. La prevención y la atención veterinaria rápida tras cualquier caída son esenciales para reducir riesgos y aumentar las posibilidades de recuperación.

