Budai (chino:布袋), pronunciado Hotei en japonés, también conocido como el Buda de la Risa, fue un monje budista de China. Muchos budistas chinos creen que fue una reencarnación de Maitreya, la persona que se convertirá en el siguiente Buda después del Buda Gautama.

Se ha incorporado al budismo, el taoísmo y el sintoísmo. Se pueden encontrar imágenes suyas en muchos templos, restaurantes y negocios. Budai se ha convertido en un dios de la felicidad y la abundancia en algunas formas de taoísmo y budismo. En Japón, Hotei es uno de los siete dioses de la suerte (Shichi Fukujin). Casi siempre se le muestra sonriendo o riendo, de ahí su apodo en chino, el "Buda de la risa" (chino:笑佛).

Origen histórico y leyendas

Según la tradición y varias fuentes chinas, Budai fue un monje vagabundo que probablemente vivió alrededor del siglo X, en la época de las Cinco Dinastías y los Diez Reinos. Algunas fuentes le atribuyen el nombre de orden Qieci (契此). La figura histórica se mezcló con leyendas populares: los relatos le describen como un monje alegre y excéntrico que viajaba cargando un gran saco de tela (budai significa literalmente "bolsa de tela"), del cual repartía comida, dulces y regalos a los niños y necesitados.

Iconografía y simbolismo

La imagen de Budai es muy reconocible y llena de simbolismo popular. Los elementos más frecuentes y su significado general son:

  • Gran barriga y sonrisa: simbolizan plenitud, alegría, despreocupación y la reconciliación con los deseos y la vida cotidiana.
  • Saco de tela: representa generosidad y desprendimiento: contiene provisiones y tesoros que reparte, mostrando la virtud de dar sin esperar nada a cambio.
  • Cuentas de oración (mala): indican su origen monástico y la práctica religiosa, aun cuando su conducta fuera más popular y folclórica que la de un monje académico.
  • Abanico o clavo de madera (en algunas representaciones): se interpreta como un instrumento para ahuyentar el sufrimiento o conceder deseos.
  • Niños a su alrededor: asociada especialmente en Japón, subraya su papel como protector de la infancia y proveedor de buena fortuna.

En la cultura popular existe la costumbre de frotar la barriga de las estatuas de Budai para atraer la buena suerte y la prosperidad.

Papel en el budismo, el taoísmo y otras tradiciones

Budai es un ejemplo claro de sincretismo religioso en Asia oriental: aunque su raíz es budista, su imagen y sus leyendas fueron absorbidas por el taoísmo y las creencias populares chinas, así como por el sintoísmo en Japón. En muchas comunidades su función es más la de una deidad popular de la alegría, la abundancia y la protección que la de un maestro doctrinal.

Una de las creencias más extendidas en China es que Budai fue, o simboliza, una manifestación de Maitreya, el Buda del futuro, lo que explica su aceptación dentro de ciertos templos y prácticas budistas mahayana. En Japón, la incorporación de Hotei al grupo de los Shichi Fukujin reforzó su asociación con la buena fortuna y la prosperidad material.

Presencia cultural y legado

Las imágenes de Budai aparecen hoy en templos, hogares, comercios y restaurantes de Asia y del mundo. Su figura transmite un mensaje accesible: valorizar la alegría, la generosidad y la satisfacción frente a la vida. Artistas y artesanos reinterpretan esta figura en madera, bronce, cerámica y pintura, adaptándola a distintos contextos culturales.

Más allá de la devoción religiosa, Budai funciona como un símbolo cultural: su iconografía es utilizada en objetos decorativos, amuletos, y se recurre a su imagen en celebraciones y ferias para atraer sonrisas y buena suerte. Aunque su estatura doctrinal no equivale a la de figuras canónicas del budismo, su popularidad demuestra cómo la espiritualidad puede integrarse con la vida cotidiana y las creencias populares.