El Mar de Amundsen es un brazo del Océano Austral situado frente a la Tierra de Marie Byrd, en el oeste de la Antártida. Está delimitado por el cabo Flying Fish, el extremo noroeste de la isla Thurston al este y el cabo Dart en la isla Siple al oeste. Al este del Cabo Flying Fish comienza el Mar de Bellingshausen. Este mar lleva el nombre del explorador polar noruego Roald Amundsen.

Ubicación y características generales

El Mar de Amundsen se encuentra en la porción occidental de la Antártida, bañando la costa de la Tierra de Marie Byrd. Sus aguas, en gran parte cubiertas por hielo marino estacional y por plataformas de hielo que flotan en la costa, forman una región remota y de difícil acceso para la navegación. La cuenca que drena hacia este mar, conocida como el Embalse del Mar de Amundsen (ASE, por sus siglas en inglés), constituye una de las tres principales cuencas de drenaje de la capa de hielo de la Antártida Occidental.

Hielo, glaciares y plataformas

El mar está cubierto de hielo en su mayor parte. La capa de hielo que desemboca en el Mar de Amundsen tiene un grosor medio de unos 3 km en su sector interior. La cuenca ASE recoge hielo de numerosos glaciares y corrientes de hielo costeras —entre los más destacados se encuentran glaciares como Pine Island y Thwaites, además de otros como Smith y Kohler— y alimenta plataformas de hielo flotante como la Pine Island Ice Shelf y la Getz Ice Shelf en sectores adyacentes.

La cuenca del Embalse del Mar de Amundsen tiene una extensión aproximada comparable a la de grandes regiones continentales, y en texto divulgativo suele decirse que su tamaño es aproximadamente el del estado de Texas. Esa comparación ayuda a visualizar la magnitud del sector de la capa de hielo que drena hacia estas aguas.

Dinámica y respuesta al cambio climático

En las últimas décadas la zona ha mostrado signos claros de adelgazamiento y aceleración del flujo de hielo hacia el mar. Investigaciones científicas indican que una de las causas principales es la intrusión de aguas profundas y relativamente cálidas, conocidas como Circumpolar Deep Water (agua profunda circumpolar), que alcanzan las plataformas de hielo y provocan fusión basal (derretimiento por debajo del hielo flotante). Ese proceso contribuye al retroceso de los frentes de los glaciares y al incremento de la descarga de hielo hacia el océano.

La estabilización o pérdida de masa en el sector del Mar de Amundsen es crítica porque forma parte de la Antártida Occidental, una región cuyo posible colapso a largo plazo podría aportar varios metros de aumento del nivel del mar a escala global si se produjera una desestabilización generalizada. No obstante, los tiempos y la magnitud exacta de ese aporte dependen de procesos complejos y de escalas temporales que van de décadas a miles de años.

Monitoreo y proyectos científicos

La región ha sido objeto de numerosos programas de investigación y observación. Se emplean satélites (por ejemplo, misiones como ICESat, CryoSat y GRACE) para medir cambios en la elevación y masa del hielo, mientras que campañas oceanográficas y perforaciones en el hielo permiten estudiar la interacción entre el océano y las plataformas de hielo. Entre las iniciativas internacionales destaca la International Thwaites Glacier Collaboration (ITGC), una colaboración científica centrada en entender la dinámica del glaciar Thwaites y su influencia en el nivel del mar.

Ecosistema y vida marina

Aunque las condiciones son extremas, las aguas del Mar de Amundsen sostienen comunidades marinas adaptadas al frío. La presencia estacional de hielo marino influye en la productividad: fitoplancton y kril conforman la base de la cadena trófica, sobre la que se alimentan peces, aves marinas (como algunas especies de petreles y chorlitos polares), focas y cetáceos. Cambios en la extensión y duración del hielo afectan a esos ecosistemas y a la disponibilidad de hábitats para reproducción y alimentación.

Importancia y riesgos

El Mar de Amundsen y su cuenca glaciar son regiones clave para comprender la respuesta del sistema climático y de las capas de hielo al calentamiento global. Los procesos que allí se observan sirven como indicadores del estado de la Antártida Occidental y tienen implicaciones directas para el nivel del mar y para comunidades costeras en todo el planeta. Por ello, el seguimiento continuo y la investigación interdisciplinaria son prioritarios para mejorar las proyecciones futuras y desarrollar estrategias de adaptación y mitigación.