Los asesinatos de Burke y Hare (o asesinatos de West Port) fueron asesinatos en serie en Edimburgo, Escocia, desde noviembre de 1827 hasta el 31 de octubre de 1828.
Los asesinatos fueron cometidos por los inmigrantes irlandeses William Burke y William Hare. Vendieron los cadáveres de sus 17 víctimas al Dr. Robert Knox. Knox era miembro de la Royal Society y conservador del Museo de Anatomía Comparada de Edimburgo. Era profesor de anatomía humana para los estudiantes de medicina de Edimburgo, por lo que necesitaba cuerpos para que sus alumnos los disecaran.
Entre los cómplices del asesino estaban la amante de Burke, Helen McDougal, y la esposa de Hare, Margaret Laird. De su método de matar a sus víctimas ha surgido la palabra "burking", que significa asfixiar a propósito y, más generalmente, suprimir en silencio.
Contexto social y científico
En la primera mitad del siglo XIX existía una gran demanda de cadáveres para la enseñanza de la anatomía. La ley restringía la disponibilidad legal de cuerpos a los ajusticiados, por lo que las escuelas de medicina sufrían escasez. Esa necesidad alimentó un lucrativo mercado negro: por un lado, los resurrectionists (desenterradores de tumbas) exhumaban cuerpos; por otro, surgieron casos extremos como el de Burke y Hare, que optaron por asesinar para vender cuerpos frescos y sin señales de haber sido enterrados.
Método y víctimas
Burke y Hare operaban en el barrio de West Port, en Edimburgo. Atraían a personas vulnerables —a menudo indigentes, inquilinos, borrachos o trabajadores solitarios— a la vivienda de Hare, donde asfixiaban a la víctima con técnicas silenciosas para preservar el cuerpo. La voz inglesa acuñó el verbo to burke (en español, "burking") para describir este tipo de asfixia deliberada.
La cifra exacta de víctimas varía según las fuentes (se habla de 16 o 17), pero lo más significativo fue la sistematicidad: los cadáveres eran entregados al Dr. Knox a cambio de dinero, lo que convirtió el caso en un escándalo que unió preocupaciones médicas y morales.
Detención, juicio y sentencia
La operación terminó cuando las autoridades se interesaron por la aparición de cuerpos y por sospechas vecinales; tras las investigaciones, Burke fue detenido y llevado a juicio. William Burke fue declarado culpable de asesinato y condenado a muerte; fue ahorcado el 28 de enero de 1829. Su cuerpo fue entregado a los anatomistas y sometido a disección pública, lo que alimentó aún más el morbo popular: partes de su cadáver y su esqueleto fueron exhibidos como advertencia.
Por su parte, William Hare evitó el proceso al aceptar declarar contra Burke como testigo de la Corona; por ello quedó en libertad. Su destino posterior fue penumbroso y envuelto en rumores: dejó Edimburgo y vivió el resto de su vida en relativo anonimato. Helen McDougal (la amante de Burke) y otros cómplices fueron investigados; algunos fueron absueltos por falta de pruebas o por formalidades procesales.
Responsabilidad de Robert Knox y repercusiones
El Dr. Robert Knox nunca fue procesado por asesinato —no hubo pruebas concluyentes de que supiera que los cuerpos habían sido obtenidos por homicidio—, pero su reputación quedó seriamente dañada. El escándalo afectó a la comunidad médica y al público general, que exigió reformas para regular la obtención de cadáveres y evitar el comercio criminal.
Consecuencias legislativas y culturales
- Reforma legal: El caso contribuyó a la presión social que llevó, años después, a la aprobación del Anatomy Act de 1832 en el Reino Unido. Esa ley amplió y reguló la fuente legal de cuerpos para la enseñanza (incluyendo cuerpos no reclamados de hospitales y workhouses), con el objetivo de acabar con el tráfico ilegal de cadáveres.
- Impacto cultural: Los asesinatos de Burke y Hare generaron una reacción inmediata en la prensa y la cultura popular: canciones, obras de teatro, panfletos sensacionalistas y relatos periodísticos que exploraron el morbo y la indignación social. La palabra "burking" entró en el vocabulario como sinónimo de sofocar o suprimir en silencio.
Legado
El caso de Burke y Hare es recordado como un cruce oscuro entre la medicina y la delincuencia: puso de manifiesto la insalubridad social, la pobreza y la demanda sin regulación de materiales para la enseñanza médica. Sirvió como catalizador para reformas que trataron de humanizar y regular la práctica anatómica, evitando que la necesidad científica se supliera por medios criminales.



