La masacre de Wounded Knee fue un breve combate entre los nativos americanos lakota y el ejército estadounidense. Tuvo lugar en Wounded Knee Creek, en Dakota del Sur, el 29 de diciembre de 1890. Murieron unos 300 lakotas y 25 soldados. Los lakota formaban parte de la nación sioux. El ejército había sido enviado a la zona para tomar las armas que poseían los lakotas.
Antecedentes
En 1890 se había extendido entre muchas comunidades indígenas del Oeste norteamericano el movimiento religioso conocido como Ghost Dance (Danza de los Espíritus), que prometía la renovación de la vida y el retorno de los animales y parientes muertos si se practicaba la danza y se mantenía la conducta adecuada. El crecimiento de ese movimiento, junto con el aumento de la presión militar y administrativa sobre las reservas, generó alarma entre colonos y autoridades estadounidenses. La detención y muerte del jefe lakota Sitting Bull en la reserva de Standing Rock, días antes, incrementó aún más las tensiones.
Desarrollo de los hechos
A finales de diciembre de 1890, una columna de la 7ª Caballería del ejército estadounidense, al mando del coronel James W. Forsyth, rodeó a un grupo de lakotas liderado por el jefe Spotted Elk (conocido también como Big Foot), que se había dirigido hacia la reserva de Pine Ridge en busca de protección. Mientras los soldados intentaban desarmar a los indígenas, se produjo un disparo (el origen exacto permanece discutido) y el tiroteo generalizado comenzó.
Testigos y estudios posteriores señalan que muchos de los fallecidos eran mujeres y niños. El ejército utilizó, además de rifles, piezas de artillería ligera que incrementaron las bajas entre los ocupantes del campamento. Las cifras exactas varían según las fuentes: estimaciones aceptadas sitúan entre 150 y 300 lakotas muertos, y alrededor de 25 soldados muertos, con numerosos heridos entre ambos bandos.
Consecuencias y controversias
La masacre marcó el fin efectivo de las grandes resistencias indígenas en las Grandes Llanuras y supuso la liquidación del movimiento de la Ghost Dance como fuerza organizada. A nivel oficial, las investigaciones militares de la época exoneraron a los mandos, pero la acción fue duramente criticada por observadores contemporáneos y lo ha sido también por historiadores y líderes indígenas posteriores.
Uno de los episodios más controvertidos fue la concesión de Medallas de Honor a varios soldados que participaron en la operación (veinte medallas otorgadas por el gobierno federal), distinciones que muchos familiares, activistas y organizaciones indígenas han pedido revocar por considerar que premiaron la matanza de civiles.
Memoria y legado
Hoy, Wounded Knee es recordado como una masacre y un símbolo del trato colonial que sufrieron los pueblos indígenas de Estados Unidos. El lugar forma parte de la memoria histórica de los lakota y otras naciones indígenas, y se celebran actos conmemorativos y ceremonias para honrar a las víctimas. Relatos como los de Black Elk y otras fuentes orales han contribuido a preservar la memoria colectiva y a denunciar las injusticias cometidas.
La masacre de Wounded Knee sigue siendo objeto de estudio, de pedidos de reparación moral y de debates sobre cómo se recuerda y enseña ese capítulo de la historia estadounidense: un episodio que subraya las consecuencias humanas de la expansión colonial y la militarización de los conflictos con los pueblos indígenas.

