Terror nocturno (terrores del sueño): síntomas, causas y manejo
Un terror nocturno es un episodio súbito de miedo intenso durante el sueño NREM, más común en niños. Este artículo resume signos, causas probables, diagnóstico, medidas de seguridad y tratamiento.
Los terrores nocturnos, también llamados terrores del sueño, son episodios bruscos de miedo extremo o agitación que surgen del sueño profundo sin movimientos oculares rápidos (NREM). A diferencia de las pesadillas, que ocurren durante el sueño REM y suelen recordarse con claridad, los terrores nocturnos normalmente aparecen en la primera parte de la noche y por lo general se siguen de poco o ningún recuerdo. La experiencia puede ser aterradora para quienes observan y angustiosa para los familiares, incluso cuando la persona afectada parece solo vagamente consciente.
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Entre los rasgos más comunes de un terror nocturno se incluyen incorporarse de repente o saltar desde el sueño, vocalizaciones fuertes como gritos o alaridos, respiración y frecuencia cardíaca aceleradas, sudoración e intensa confusión o desorientación. A menudo la persona es difícil de consolar o de despertar por completo y puede parecer despierta, pero inconsolable. Los episodios suelen durar desde unos segundos hasta varios minutos, y lo más habitual es que la persona vuelva a dormirse después sin llegar a despertarse del todo.
Causas y factores de riesgo
Los mecanismos biológicos precisos no se comprenden por completo, pero los terrores nocturnos se asocian con alteraciones del despertar durante el sueño de ondas lentas (sueño profundo). Los desencadenantes y factores de riesgo pueden incluir privación de sueño, horarios irregulares, fiebre o enfermedad, estrés emocional, ciertos medicamentos y antecedentes familiares de episodios similares. Son más frecuentes en niños pequeños y suelen disminuir con la edad; cuando aparecen en la edad adulta, puede ser conveniente evaluar otras afecciones del sueño o médicas.
Diagnóstico y distinciones importantes
El diagnóstico suele ser clínico, basado en una historia cuidadosa aportada por testigos y en la consideración del momento en que ocurren, la conducta observada y la falta de recuerdo. Cuando los episodios son frecuentes, causan lesiones o son atípicos, un estudio del sueño (polisomnografía) o una electroencefalografía (EEG) pueden ayudar a descartar crisis epilépticas, trastorno de conducta del sueño REM u otros trastornos del sueño. Los terrores nocturnos difieren de las pesadillas en el momento de aparición (NREM frente a REM), el nivel de activación y la memoria del episodio.
Manejo y seguridad
El manejo se centra en la seguridad y en reducir los desencadenantes. Las medidas incluyen mejorar la higiene del sueño, establecer horarios regulares para acostarse, tratar la fiebre u otros factores médicos contribuyentes y minimizar el estrés. En los niños pequeños, la tranquilidad y las medidas de protección (retirar peligros, guiarlos con suavidad de vuelta a la cama) suelen ser suficientes, porque la mayoría supera estos episodios con el tiempo. Si los episodios son frecuentes, peligrosos o persisten en la edad adulta, los médicos pueden recomendar despertares programados, estrategias conductuales o, en casos graves seleccionados, medicación a corto plazo bajo supervisión médica.
Pronóstico y cuándo buscar ayuda
Muchos niños presentan una disminución de los terrores nocturnos con la maduración. Se recomienda una evaluación médica si los episodios causan lesiones, van acompañados de somnolencia diurna, comienzan en la edad adulta o coexisten con signos de otras afecciones neurológicas o psiquiátricas. Una valoración adecuada ayuda a distinguir los trastornos benignos del despertar de las condiciones que requieren un tratamiento específico.
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Autor
AlegsaOnline.com Terror nocturno (terrores del sueño): síntomas, causas y manejo Leandro Alegsa
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