Ishi en dos mundos es una biografía de Ishi, el último miembro conocido del pueblo nativo americano Yahi. La obra fue escrita por Theodora Kroeber y se publicó en 1961; desde entonces se ha traducido a nueve idiomas y se convirtió en la narración más difundida sobre la vida de Ishi y sobre la desaparición cultural de su pueblo.
El nombre "Ishi" no era su nombre personal original: en la lengua yana, ishi significa simplemente "hombre". Se le dio ese nombre por quienes lo encontraron y por los antropólogos que lo estudiaron, porque no se conocía su nombre verdadero. Ishi es considerado el último superviviente conocido de los Yahi, una rama del pueblo yana que vivía en el norte de California hasta que la colonización, las guerras fronterizas y las enfermedades redujeron drásticamente su población a fines del siglo XIX y principios del XX.
En 1911 Ishi fue hallado solo y hambriento en las afueras de de Oroville, California, tras años de vida en refugios aislados. Fue llevado por las autoridades a especialistas y antropólogos, entre ellos Alfred Louis Kroeber y T. T. Waterman, quienes lo llevaron al Museo de Antropología de San Francisco. Allí permaneció bajo la protección y el estudio de los antropólogos hasta su muerte en 1916.
Durante su estancia en el museo, Ishi cumplió varias funciones: fue objeto de estudio etnográfico, ofreció demostraciones prácticas de técnicas tradicionales —como la talla de puntas de flecha, la elaboración de utensilios y la confección de arcos— y enseñó parte de su lengua y costumbres a los investigadores. También entabló relaciones humanas con algunos miembros del personal del museo y con visitantes; entre quienes aprendieron técnicas tradicionales de Ishi estuvo el médico Saxton T. Pope, quien documentó parte de esas enseñanzas y contribuyó a difundir el conocimiento sobre la arquería indígena.
La presencia de Ishi en el museo generó fascinación pública pero también ha sido objeto de críticas éticas. Muchos historiadores y activistas han señalado que su situación reflejó los desequilibrios de poder de la época: fue estudiado como "un último ejemplo" de una cultura, a la vez que se le convirtió en una especie de atracción y se realizaron grabaciones y fotografías constantes. Tras su muerte por tuberculosis en 1916, su cuerpo fue sometido a estudio; partes de sus restos y materiales asociados permanecieron en colecciones científicas durante décadas y, más tarde, fueron objeto de reclamaciones de repatriación por parte de comunidades indígenas.
Theodora Kroeber se casó con Alfred Kroeber en 1926. Aunque ella misma no conoció a Ishi, accedió a los diarios, notas y testimonios de su esposo y de otros investigadores para escribir la biografía. Su libro combina aspectos de la vida personal de Ishi con el contexto histórico de la desaparición de los Yahi y una narración accesible que buscó humanizar a Ishi y alertar al público sobre las consecuencias de la colonización.
El legado de Ishi es complejo: por un lado, su historia permitió conservar registros valiosos de técnicas, palabras y prácticas culturales que de otro modo se habrían perdido; por otro, su experiencia evidencia prácticas científicas y sociales que hoy se consideran éticamente problemáticas. Su vida y la biografía de Theodora Kroeber han inspirado obras posteriores —artículos, documentales, obras teatrales y estudios académicos— y siguen siendo usadas para reflexionar sobre la memoria histórica, la relación entre pueblos indígenas y disciplinas como la antropología, y la necesidad de respeto y consentimiento en el trato con comunidades originarias.
En la actualidad, la historia de Ishi se utiliza tanto para enseñar sobre la riqueza cultural de los pueblos nativos de California como para promover debates sobre restitución, repatriación de restos y materiales culturales, y la reparación simbólica y práctica a comunidades afectadas por procesos coloniales.


