La Erupción Hōei del Monte Fuji (Hōei dai funka) comenzó el 16 de diciembre de 1707 (23º día del 11º mes del año Hōei 4) y terminó aproximadamente el 1 de enero de 1708 (9º día del 12º mes del año Hōei 4) durante el periodo Edo. No hubo flujo de lava, pero la erupción del Hoei liberó al menos 800 millones de metros cúbicos de ceniza volcánica. Esta ceniza se extendió por zonas muy amplias alrededor del volcán. Incluso llegó a Edo a casi 100 km de distancia. Las cenizas cayeron como una lluvia en las provincias de Izu, Kai, Sagami y Musashi.

Causas y contexto sísmico

La erupción estuvo precedida por un gran terremoto ocurrido el 28 de octubre de 1707 (el Gran Terremoto Hōei), que afectó amplias zonas del suroeste de Japón y alteró la tensión en la corteza terrestre. Ese fuerte sismo —junto con réplicas y deformaciones regionales— incrementó la presión sobre los conductos magmáticos del volcán y pudo abrir fracturas en su flanco oriental. La combinación de estas fracturas con el ascenso de magma y la interacción con aguas subterráneas favoreció una erupción explosiva en vez de una emisión efusiva de lava.

Desarrollo de la erupción y características físicas

La erupción se produjo en la ladera este-noroeste del monte Fuji y provocó tres nuevas aberturas volcánicas denominadas respiraderos Hōei nº 1, nº 2 y nº 3. El peligro de la erupción aumentó durante los días siguientes. Tras el primer terremoto y la explosión de cenizas, unos días después se produjo otra explosión más fuerte. Esta explosión arrojó rocas y piedras. El monte Fuji no ha entrado en erupción desde entonces, pero los científicos lo describen como un volcán activo.

El tipo de erupción fue predominantemente explosivo (estilo pliniano a subpliniano), caracterizado por columnas de ceniza altas y caída de piroclastos sobre áreas extensas. Al no producirse flujo de lava, la mayor parte del material emitido fue ceniza y escoria, que afectaron la cubierta vegetal y las infraestructuras locales.

Consecuencias inmediatas y a corto plazo

La caída masiva de ceniza tuvo efectos directos en la agricultura: los cultivos enterrados o dañados por la ceniza provocaron malas cosechas durante la siguiente temporada. En varias provincias la pérdida de alimentos desembocó en hambre y dificultades económicas. La ceniza húmeda también provocó el colapso de techos de paja y madera en construcciones tradicionales, y contaminó fuentes de agua y canales, afectando el riego y el suministro municipal.

A nivel social y comercial, el transporte por tierra y por agua se vio interrumpido por la acumulación de ceniza y por la necesidad de limpieza de vías y edificios. En ciudades alejadas, como Edo, la capa de ceniza obligó a actuaciones de emergencia y condicionó la vida urbana durante semanas.

Impacto cultural y legado

Las consecuencias de la erupción entraron en la memoria colectiva japonesa y quedaron reflejadas en el arte y la literatura de la época. Las Cien vistas del monte Fuji de Hokusai incluyen una imagen del pequeño cráter que se desarrolló a partir de una erupción secundaria en la ladera suroeste. Se llamó Hōeizan (Monte Hōei) porque la erupción ocurrió en el año Hōei 4.

Geomorfológicamente, la erupción modificó el perfil del monte Fuji con la formación del nuevo cono Hōei en su flanco sudeste, visible hoy como una depresión y acumulación de material volcánico.

Riesgo actual y vigilancia

Aunque el Monte Fuji no ha vuelto a entrar en erupción desde 1707, es clasificado como volcán activo. En la actualidad existe un sistema de vigilancia que incluye sismógrafos, mediciones de deformación del suelo y control de emisiones de gases. Los estudios modernos subrayan que una erupción contemporánea tendría un impacto mucho mayor en términos humanos y económicos debido a la alta densidad de población en la región de Kanto (incluyendo Tokio y Yokohama). Entre los riesgos destacados están la caída de ceniza sobre áreas metropolitanas, la interrupción del transporte aéreo, la pérdida de cultivos y el colapso de tejados por la acumulación de ceniza húmeda.

Visita al cráter

En la actualidad, el cráter se puede visitar desde el sendero Fujinomiya o el sendero Gotemba del monte Fuji. Las visitas se realizan preferentemente durante la temporada oficial de ascenso y con las debidas medidas de seguridad: el acceso al borde del cráter puede estar restringido según condiciones meteorológicas y presencia de operativos de conservación. Para quienes deseen conocer el Hōeizan y sus efectos, las rutas mencionadas permiten observar las formaciones resultantes de la erupción de 1707 y comprender mejor la dinámica del volcán.