El Concilio de Calcedonia fue un concilio ecuménico que tuvo lugar del 8 de octubre al 1 de noviembre de 451 en Calcedonia (una ciudad de Bitinia en Asia Menor). Calcedonia forma parte hoy de la ciudad de Estambul, en la parte asiática del Bósforo.

 

Definición y objetivo

El propósito principal del concilio fue resolver la controversia cristológica surgida en el siglo V sobre la naturaleza de Jesucristo, especialmente frente al monofisismo (que afirmaba una sola naturaleza divina tras la encarnación). El concilio promulgó la llamada Definición de Calcedonia, que establece que Cristo existe en dos naturalezas —divina y humana— “sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación”. Esta fórmula buscó salvaguardar tanto la unidad de la persona de Cristo como la integridad de sus dos naturalezas.

Contexto histórico

El concilio de 451 sucede a otras disputas y conciliábulos anteriores —entre ellos el Concilio de Éfeso (431) y el llamado “Concilio Robber” o de Éfeso (449), muy controvertido— y se celebró por iniciativa del emperador Marciano y la emperatriz Pulqueria para restablecer la doctrina común y la disciplina eclesiástica en el Imperio Romano de Oriente. En la controversia intervinieron documentos importantes, como el Tomo del papa León I, que fue leído y reconocido por los padres conciliares.

Participantes y procedimiento

Asistieron al concilio obispos y legados procedentes de las distintas provincias del Imperio oriental, así como representantes enviados por la sede de Roma. Las sesiones debatieron tanto cuestiones doctrinales como canónicas y disciplinarias: se examinaron herejías, se pronunciaron anatemas y se adoptaron decretos que regulaban la organización de las sedes episcopales y la jurisdicción entre patriarcados.

Decisiones doctrinales

  • Se aprobó la Definición de Calcedonia, considerada desde entonces una formulación clave de la cristología ortodoxa (occidental y oriental).
  • Se condenó la postura de Eutiques y otras formas de monofisismo que negaban la plena humanidad de Cristo tras la encarnación.
  • Se confirmó la autoridad del Tomo de León I como interpretación autorizada de la relación entre las naturalezas divina y humana en la persona de Cristo.

Decisiones canónicas y disciplina eclesiástica

El concilio emitió también decretos de carácter organizativo y disciplinario que afectaron la jerarquía eclesiástica. Entre las disposiciones más relevantes estuvo una norma —conocida normalmente como el Canon 28— que reconocía una primacía de honor a la sede de Constantinopla, equiparándola en rango a Roma por su condición de nueva capital imperial. Esta medida fue aceptada por las Iglesias orientales pero contestada por la sede romana, lo que provocó tensiones posteriores entre Oriente y Occidente.

Consecuencias e importancia

  • Doctrinalmente, Calcedonia marcó la formulación dominante de la cristología tanto en la Iglesia occidental (católica romana) como en la mayoría de las Iglesias orientales que más tarde conformaron la Ortodoxia oriental.
  • Políticamente y eclesiásticamente, provocó rupturas: gran parte de las Iglesias orientales de África, Siria y Armenia rechazaron el concilio y se constituyeron en lo que hoy se conoce como Iglesias Ortodoxas Orientales (no calcedonianas), dando lugar a una separación persistente.
  • Muchos debates resultaron también de naturaleza terminológica y cultural; siglos después hubo avances en el diálogo ecuménico que mostraron entendimientos comunes sobre la persona de Cristo, aunque las divisiones históricas perduraron.

Legado

El Concilio de Calcedonia es considerado un hito en la historia del cristianismo por haber fijado, con precisión teológica, la doctrina sobre la naturaleza de Cristo que todavía forma la base de la cristología católica y ortodoxa. Sus canones y su definición influyeron en la estructura eclesiástica del Imperio y en las relaciones entre las sedes patriarcales. Al mismo tiempo, las consecuencias inmediatas del concilio subrayaron la complejidad de combinar criterios teológicos, eclesiásticos y políticos en la constitución de la unidad cristiana.

Hoy el Concilio de Calcedonia sigue siendo objeto de estudio teológico e histórico y un punto de referencia en los diálogos ecuménicos entre las Iglesias chalcedonianas y las Iglesias ortodoxas orientales, que intentan superar viejas disputas y buscar comprensiones mutuas sobre la fe cristológica.