La Medalla del Centenario fue un premio especial concedido por el Gobierno australiano en 2001 para conmemorar los cien años de la Federación de Australia. Su objetivo fue reconocer a personas que, desde distintos ámbitos, habían hecho una aportación destacada a la sociedad, la administración pública o la vida comunitaria del país. A diferencia de otras condecoraciones de carácter permanente, se trató de una distinción creada para esa celebración concreta y entregada a miles de beneficiarios en todo el territorio nacional.

La selección de candidatos fue estudiada por un grupo dirigido por el historiador profesor Geoffrey Blainey, que analizó qué perfiles y contribuciones debían ser reconocidos. Entre los galardonados hubo funcionarios, voluntarios, educadores, profesionales de la salud, personas vinculadas a la cultura y ciudadanos comprometidos con proyectos locales. La medalla se convirtió así en una forma de destacar el trabajo silencioso y continuado de quienes habían ayudado a construir una Australia más cohesionada y participativa.