En las semanas posteriores al referéndum de la UE de 2016, el Partido Laborista del Reino Unido vivió una contienda interna de gran repercusión en torno a su liderazgo. Un número considerable de parlamentarios laboristas y de críticos cuestionó la dirección y la eficacia pública de Jeremy Corbyn como líder del Partido Laborista, lo que desencadenó un desafío formal al liderazgo. La campaña posterior puso de relieve las tensiones entre el grupo parlamentario elegido y la militancia más amplia, así como los simpatizantes afiliados.
Antecedentes y detonante
El detonante inmediato de la contienda fue la crítica a la postura del partido y a su campaña durante el referéndum sobre la permanencia en la UE. Tras la votación, una secuencia de dimisiones muy visibles del gabinete en la sombra y de diputados que expresaron falta de confianza generó impulso para una elección de liderazgo. Quienes defendían el cambio argumentaban que hacía falta un liderazgo distinto para mejorar las perspectivas electorales y el mensaje público; los partidarios del líder en ejercicio sostenían que él representaba un mandato democrático de la base del partido.
Candidatos y sistema de votación
Una vez cumplidas las normas internas y los umbrales de nominación, la contienda quedó reducida a una carrera de dos candidatos. Entre las figuras clave figuraban:
- Jeremy Corbyn — el líder en ejercicio, respaldado por una gran proporción de afiliados del partido y por varios sindicatos afiliados.
- Owen Smith — el principal retador, que surgió como la alternativa principal después de que se retirara un desafío anterior y breve de Angela Eagle.
La elección utilizó el sistema de votación entre la membresía del partido, que combina a los miembros plenos, los simpatizantes registrados y los simpatizantes afiliados (en especial, los afiliados sindicales que optan por participar). La votación se llevó a cabo según la regla de un miembro, un voto, en lugar de un sistema de colegio electoral.
Temas de la campaña
El debate de la campaña se centró en el estilo de liderazgo, el énfasis programático, la postura del partido ante las negociaciones del Brexit y la relación entre el grupo parlamentario y los activistas de base. Los partidarios de Corbyn destacaron su agenda política y su atractivo entre miembros nuevos y veteranos; los aspirantes a sucederle intentaron convencer al electorado de que un líder diferente uniría al grupo parlamentario y ampliaría el apoyo electoral al Partido Laborista.
Resultado y cifras
El resultado se ঘোষণাó el 24 de septiembre de 2016. Jeremy Corbyn fue reelegido con 313.209 votos, lo que representó el 61,8 % de la votación, un aumento respecto a su porcentaje en la contienda del año anterior. Recibió aproximadamente 62.000 votos más que en la elección de liderazgo de 2015, consolidando su posición entre la militancia y los votantes afiliados.
Consecuencias y significado
La victoria de Corbyn profundizó la división visible entre muchos diputados laboristas y la base de afiliados, y dio lugar a debates continuados sobre la gobernanza del partido, la disciplina y la estrategia. La contienda tuvo efectos duraderos en la organización interna, en el papel de los sindicatos afiliados y en la forma en que el Partido Laborista se posicionó sobre la UE y la política nacional. Sigue siendo un episodio clave en la historia reciente del partido, ya que ilustra cómo el apoyo de una amplia militancia puede imponerse al disenso parlamentario en las contiendas internas por el liderazgo.
Para más contexto sobre las personas implicadas y el referéndum que precipitó el desafío, véase la cobertura relacionada con las figuras y los hechos clave: Jeremy Corbyn, el cargo de líder del Partido Laborista y el referéndum de la UE de 2016.