James Scott "Jim" Brady (29 de agosto de 1940 - 4 de agosto de 2014) fue un periodista, político y activista estadounidense. Fue ayudante del presidente y secretario de prensa de la Casa Blanca con el presidente estadounidense Ronald Reagan. A lo largo de su vida pasó de ocupar cargos de comunicación política a convertirse en una de las voces más visibles a favor del control de armas en Estados Unidos.

Trayectoria profesional

Antes de incorporarse a la administración Reagan, Brady trabajó como periodista y en puestos relacionados con la comunicación política. En la Casa Blanca se encargó de coordinar las notas informativas y las relaciones con la prensa, ganando reconocimiento por su papel como portavoz presidencial durante los primeros meses de la presidencia de Reagan.

Tiroteo y consecuencias

El 30 de marzo de 1981, durante un intento de asesinato contra el presidente Reagan perpetrado por John Hinckley Jr., Brady recibió un disparo en la cabeza. La herida le provocó daños cerebrales graves y secuelas permanentes que afectaron su capacidad para hablar y moverse. Tras un largo proceso de recuperación y rehabilitación, vivió con discapacidad durante el resto de su vida y requirió cuidados continuos.

Activismo por el control de armas

Tras el atentado, junto con su esposa Sarah Brady, se convirtió en una figura central del movimiento por el control de armas. Su familia y aliados promovieron campañas para limitar el acceso a armas de fuego y mejorar los controles de antecedentes. Ese esfuerzo contribuyó al impulso y eventual aprobación de la Brady Handgun Violence Prevention Act de 1993 (conocida como la "Ley Brady"), que estableció exigencias federales de verificación de antecedentes y un periodo de espera para la compra de armas de fuego a distribuidores autorizados. Las organizaciones asociadas al movimiento creado en torno a su nombre —como la Brady Campaign to Prevent Gun Violence— continuaron influyendo en la legislación y la opinión pública durante décadas.

Fallecimiento y legado

James Brady murió el 4 de agosto de 2014, a los 73 años, tras años de complicaciones relacionadas con las heridas que sufrió en 1981. En 2018, el forense del Distrito de Columbia determinó que su muerte debía calificarse como homicidio causado por las heridas de bala recibidas en el atentado de 1981. Su historia y su activismo dejaron un impacto duradero en el debate sobre control de armas en Estados Unidos y en la memoria pública sobre el intento de asesinato a Reagan.

El legado de Brady se observa en las leyes y organizaciones que promovieron mayores controles sobre la venta de armas y en la visibilidad que dio a las víctimas de la violencia armada. Su vida es recordada tanto por su trabajo como servidor público como por su lucha para prevenir futuras tragedias similares.