Ahmed Hassan al-Bakr: presidente de Irak (1968–1979) y líder del Partido Ba'ath
Ahmed Hassan al‑Bakr: presidente de Irak (1968–1979) y líder del Partido Ba'ath, impulsó el auge petrolero y el desarrollo económico antes de ser desplazado por Saddam Hussein.
Ahmed Hassan al-Bakr fue presidente de Irak del 17 de julio de 1968 al 16 de julio de 1979. Nació en Tikrit, en el Iraq otomano, el 1 de julio de 1914. Miembro destacado del Partido Socialista Árabe Ba'ath y, posteriormente, del Partido Ba'ath con sede en Bagdad, al-Bakr fue un oficial del ejército que llegó a encabezar la revolución que llevó al poder al partido en 1968. Durante su gobierno Irak experimentó un gran crecimiento económico impulsado por la nacionalización del petróleo y por los altos precios internacionales del crudo en la década de 1970. Al-Bakr terminó perdiendo el control del aparato del Estado a manos de su primo Saddam Hussein, quien fue construyendo una posición de poder dentro del régimen hasta sucederle en 1979.
Trayectoria y consolidación del poder
Al-Bakr, con formación militar y experiencia en la política golpista de la posguerra, ocupó cargos claves tras el triunfo baazista de 1968. Como cabeza del Estado y principal dirigente del Partido Ba'ath en Irak, presidió el Consejo Revolucionario y dirigió la reconstrucción del aparato estatal bajo el control del partido único. Desde sus inicios en el poder favoreció la centralización de la autoridad y la creación de un extenso aparato de seguridad encargado de neutralizar a la oposición política.
Políticas económicas y sociales
- Nacionalización del petróleo (1972): uno de los hitos de su gobierno fue la nacionalización de la Iraq Petroleum Company, que permitió al Estado controlar la renta petrolera y aumentar los ingresos públicos.
- Inversión y modernización: los ingresos del petróleo se destinaron a grandes planes de inversión en infraestructura —carreteras, electricidad, industria— así como a la construcción de viviendas y hospitales.
- Servicios sociales: el régimen impulsó programas de educación, sanidad y vivienda que mejoraron indicadores sociales en el país, con campañas de alfabetización y mayor acceso a servicios básicos en las zonas urbanas.
- Economía dirigida: la economía se orientó hacia empresas estatales y control centralizado, con la creación o expansión de empresas públicas en sectores clave.
Política interior y conflicto kurdo
El gobierno de al-Bakr combinó medidas modernizadoras con mano dura contra la disidencia. Se persiguió a grupos comunistas y a otros opositores, y se mantuvo una política de control político por medio de los servicios de seguridad. En el norte, el largo conflicto con los kurdos marcó buena parte de su mandato: tras intentos de acuerdo y concesiones iniciales, la guerra se reanudó hasta que la firma del Acuerdo de Argel de 1975 entre Irak e Irán (negociado en el marco del equilibrio regional) eliminó el apoyo iraní a las fuerzas kurdas, facilitando la derrota del levantamiento.
Política exterior
Durante su presidencia Irak mantuvo una política exterior activa, reforzando relaciones con la Unión Soviética y países del bloque oriental en materia militar y técnica, a la vez que defendía posiciones nacionalistas árabes y la causa palestina. La creciente importancia geopolítica del petróleo y la pertenencia a OPEP dieron a Bagdad mayor influencia en los años setenta, especialmente tras la crisis energética de 1973.
Ascenso de Saddam Hussein y fin del mandato
Uno de los rasgos decisivos del periodo fue el ascenso de Saddam Hussein, que ocupó cargos claves en el partido y en los organismos de seguridad y se convirtió en la mano derecha de al-Bakr. Con el tiempo, Saddam concentró poder efectivo dentro del Estado hasta forzar la dimisión de al-Bakr en julio de 1979, momento en que se consumó la transferencia de poder. Tras su salida del puesto, Saddam consolidó un régimen aún más personalista y represivo.
Legado
El legado de Ahmed Hassan al-Bakr es complejo: por un lado, su presidencia coincidió con un notable crecimiento económico, expansión de servicios públicos y modernización material; por otro, su gobierno instauró mecanismos autoritarios y sentó las bases del control político que permitió la posterior dictadura de Saddam Hussein. Históricamente es recordado como la figura que, a través del Partido Ba'ath, transformó el Estado iraquí en la década de 1970, con efectos duraderos en la política, la economía y la sociedad del país.
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