El 21 de septiembre de 2013, diez hombres armados atacaron un centro comercial en Nairobi (Kenia). El ataque, que comenzó en la tarde del sábado, se prolongó hasta el 24 de septiembre en una compleja operación que combinó tiroteos, incendios y toma de rehenes. Los atacantes se parapetaron en distintas zonas del centro comercial y más tarde se enfrentaron a tiros con las fuerzas de seguridad kenianas. Un total de 72 personas murieron, entre ellas 61 civiles, 6 soldados kenianos y 5 atacantes; más de 200 resultaron heridas. El centro comercial objetivo era el Westgate, un establecimiento situado en el exclusivo barrio de Westlands y frecuentado por residentes, turistas y expatriados.
Desarrollo del ataque
El asalto comenzó de forma coordinada cuando los atacantes, armados con fusiles y explosivos improvisados, irrumpieron en diferentes entradas del centro comercial. Se produjeron tiroteos en múltiples plantas y varios incendios causaron pánico entre los visitantes. Durante la noche y los días siguientes se mantuvo una situación de asedio: fuerzas policiales y militares rodearon el edificio, mientras equipos especiales, apoyados con vehículos blindados y equipos de rescate, fueron desplazados para liberar a los rehenes y asegurar el lugar.
- 21 de septiembre: inicio del ataque y primeras evacuaciones.
- 22–23 de septiembre: operaciones de rescate y enfrentamientos intermitentes dentro del edificio; se confirmaron múltiples víctimas y rehenes.
- 24 de septiembre: fuerzas de seguridad completaron la limpieza del edificio y declararon control sobre la mayor parte del complejo, aunque las labores forenses continuaron posteriormente.
Víctimas y rehenes
Entre las víctimas hubo ciudadanos de diversas nacionalidades, incluyendo kenianos, somalíes, británicos, estadounidenses e israelíes. Además de los fallecidos, centenares de personas resultaron heridas por disparos, aplastamientos y quemaduras. Muchos de los heridos requirieron hospitalización y atención psicológica a largo plazo. Durante el asedio, numerosos civiles fueron tomados como rehenes; la evacuación y liberación de estas personas fue una prioridad para las fuerzas de seguridad.
Autoría y motivaciones
El grupo islamista Al-Shabaab reivindicó el atentado poco después, afirmando que la acción era una represalia por el papel del ejército keniano en la guerra civil somalí y, en particular, por la intervención militar keniana en Somalia (operaciones como Operation Linda Nchi) orientada a combatir a Al-Shabaab. El grupo describió el ataque como dirigido contra “ciudadanos no musulmanes” y objetivos económicos y simbólicos.
Respuesta y coordinación internacional
El asalto suscitó condenas internacionales y ofrecimientos de apoyo técnico y de inteligencia. Las autoridades kenianas coordinaron en el terreno a unidades policiales y militares, y recibieron asistencia de Estados Unidos, Reino Unido e Israel en forma de intercambio de información, asesoramiento forense y apoyo consular para ciudadanos afectados. A nivel nacional se activaron bancos de sangre, voluntarios y organizaciones humanitarias para atender a los heridos y a las familias de las víctimas.
Investigación, juicios y controversias
Las investigaciones posteriores buscaron identificar a los atacantes, sus redes de apoyo y a los planificadores. Se detuvo a varias personas sospechosas y se desarrollaron procesos judiciales en años siguientes. Asimismo, el atentado suscitó críticas por presuntas fallas de inteligencia y seguridad: familias de las víctimas y sectores de la sociedad cuestionaron la preparación de las fuerzas de seguridad y la eficacia de los servicios de inteligencia para prevenir un ataque a un objetivo tan concurrido. También hubo denuncias sobre la gestión de la operación en el momento del asedio y la protección de civiles.
Un informe de inteligencia publicado posteriormente identificó a varios organizadores y operativos implicados en la planificación del atentado, lo que permitió avanzar en las investigaciones y en acciones judiciales contra personas vinculadas a la red responsable.
Consecuencias y memoria
El atentado de Westgate dejó un profundo impacto en la sociedad keniana y en la percepción de la seguridad en áreas urbanas y centros comerciales. Generó reformas en protocolos de seguridad, controles de acceso en espacios públicos y medidas antiterroristas más estrictas. Cada aniversario del ataque se recuerda con actos conmemorativos y homenajes a las víctimas, y el caso sigue siendo un referente en la discusión sobre la lucha contra el terrorismo y la protección de civiles en contextos urbanos.
Además, el suceso impulsó debates sobre las causas del extremismo en la región, la intervención militar en Somalia y la necesidad de políticas integrales que combinen seguridad, prevención y acciones sociales para reducir la radicalización.