Cráter volcánico: definición, formación y diferencias con la caldera

Descubre qué es un cráter volcánico, cómo se forma y en qué se diferencia de una caldera: causas, estructuras y procesos eruptivos explicados con claridad.

Autor: Leandro Alegsa

Un cráter volcánico es una depresión generalmente circular en la superficie terrestre formada por la actividad volcánica. Suele aparecer en la cima del edificio volcánico, aunque también puede abrirse en los flancos o en el entorno inmediato del volcán.

Suele ser una cuenca circular. Cuando está activo, hay uno o varios respiraderos en su interior. De ellas sale magma en forma de gases, lava y eyecciones. Un cráter puede ser enorme, y a veces profundo. Además de expulsar materiales, los cráteres pueden acumular agua y formar lagunas o lagos temporales o permanentes.

Formación

Los cráteres se forman por varios procesos asociados a la dinámica interna del volcán:

  • Explosiones volcánicas: erupciones explosivas pueden arrancar y lanzar fragmentos de roca, dejando un hueco en la superficie.
  • Emisión efusiva: la apertura de respiraderos por donde sale lava puede crear un borde elevado alrededor de la boca y una depresión central.
  • Colapso local: la evacuación parcial de la cámara magmática puede hacer que la cumbre o parte del edificio se hunda, formando cráteres de colapso menores.
  • Interacción con agua: cuando el magma encuentra agua subterránea o superficial se producen erupciones freatomagmáticas que generan cráteres amplios y poco profundos tipo maar.

Tipos de cráteres

  • Cráter somital: el más habitual, situado en el centro o cima del volcán.
  • Cráteres de explosión o maar: formados por erupciones freatomagmáticas, suelen ser anchos y poco profundos, frecuentemente ocupados por agua.
  • Cráteres parasitarios: aberturas en los flancos del volcán que drenan parte del magma.
  • Cráteres de colapso: resultado del hundimiento localizado tras la evacuación de magmas cercanos a la superficie.

Diferencias entre cráter y caldera

Aunque a veces se usan indistintamente en el lenguaje coloquial, cráter y caldera describen procesos y escalas distintas:

  • Tamaño: los cráteres suelen tener dimensiones menores (desde metros hasta kilómetros) mientras que las calderas pueden abarcar decenas de kilómetros.
  • Mecanismo de formación: un cráter suele formarse por explosión o por la apertura de un respiradero; en cambio, una caldera se forma cuando la cámara de magma se vacía significativamente y la superficie se hunde por colapso, creando una depresión amplia. Como se indica en el texto original, durante ciertos tipos de erupciones gigantescas, la cámara de magma del volcán puede vaciarse lo suficiente como para que un área por encima de ella se hunda. Este cráter de superficie caída se denomina caldera.
  • Geometría y bordes: las calderas suelen presentar fallas de colapso y bordes más complejos; los cráteres muestran con frecuencia un tazón más claramente definido.
  • Actividad posterior: en calderas grandes pueden formarse nuevos domos, cráteres secundarios o lagos volcánicos; en cráteres pequeños la actividad puede ser más puntual y localizada.

Tamaño, morfología y evolución

La forma y el tamaño de un cráter dependen del tipo de erupción, la viscosidad del magma, la presencia de agua y la historia eruptiva del volcán. Con el tiempo un cráter puede rellenarse por coladas de lava, depósitos piroclásticos, sedimentos o vegetación. La erosión y la meteorización también modifican su perfil.

Riesgos y señales de actividad

Los cráteres activos son focos de peligros volcánicos: emisiones de ceniza, flujos de lava, piroclastos, flujos piroclásticos y gases tóxicos (como dióxido de azufre y dióxido de carbono). Señales de reactivación pueden incluir:

  • Aumento de la sismicidad local.
  • Deformación del terreno (inflado o hundimiento) medible con GPS o inclinómetros.
  • Cambios en las emisiones de gases y temperatura en los respiraderos.
  • Emisión de ceniza o cambios en el régimen fumarólico.

Cómo se estudian y vigilan

Los volcanólogos emplean múltiples técnicas para comprender y vigilar cráteres y volcanes:

  • Sismología: para detectar movimientos de magma y fracturación.
  • Geodesia (GPS, InSAR): para medir deformaciones del terreno.
  • Geoquímica de gases y de aguas: para identificar cambios en la composición y flujo de fluidos.
  • Imágenes satelitales y fotografía aérea: para observar cambios morfológicos y emisiones.
  • Trabajo de campo: mapeo, dataciones y estudios estratigráficos.

Ejemplos y relevancia

Hay muchos cráteres emblemáticos en todo el mundo, desde aquellos accesibles y turísticos hasta cráteres peligrosos y activos. Las calderas más grandes, por su parte, están asociadas a erupciones de gran magnitud que han tenido impactos climáticos y geológicos importantes.

Importancia ecológica y humana

Los cráteres pueden convertirse en hábitats únicos (lagos cratericos, suelos ricos en minerales) y en lugares culturales o turísticos. Sin embargo, también representan amenazas para poblaciones cercanas y requieren planes de monitorización y gestión del riesgo.

Consejos básicos de seguridad

  • Respetar señalizaciones y restricciones en áreas volcánicas.
  • Seguir las indicaciones de las autoridades y de protección civil en caso de actividad.
  • Evitar descender al borde de cráteres activos o fumarólicos por riesgo de gases y derrumbes.

En resumen, el cráter volcánico es la expresión superficial de los procesos volcánicos, con formas y orígenes diversos; y aunque un cráter puede ser profundo o amplio, una caldera resulta de un colapso mucho mayor vinculado al vaciado de una cámara magmática.

Cráter volcánico de Diamond Head en Honolulu, Hawaii  Zoom
Cráter volcánico de Diamond Head en Honolulu, Hawaii  

Cráter volcánico en Islandia con un lago dentro  Zoom
Cráter volcánico en Islandia con un lago dentro  

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