La Corona de San Eduardo forma parte de las galas de coronación y es la corona tradicionalmente utilizada para el acto de coronar al monarca británico. Fue encargada para la coronación de rey Carlos II el 23 de abril de 1661 al joyero de la Corona, Robert Viner, como reproducción de la antigua corona medieval asociada a San Eduardo el Confesor. Tras la coronación de Guillermo III en 1689 su uso práctico disminuyó: a menudo se la llevaba en procesión y se colocaba en el altar en lugar de colocársela en la cabeza del monarca, empleándose en su lugar la Corona Imperial de Estado para otros actos ceremoniales. No fue hasta la coronación de Jorge V en 1911 que la Corona de San Eduardo volvió a ocupar su lugar tradicional en el momento de la consagración.

Historia

La corona de 1661 se creó tras la Restauración de la monarquía, cuando se rehízo el conjunto de joyas reales que se habían perdido, vendido o fundido durante la Commonwealth. Aunque el armazón actual data de 1661, es posible que algunas piezas o detalles procedan de coronas anteriores. Desde entonces ha sido la corona con la que se realiza el acto central de la coronación en la mayoría de las ceremonias modernas: entre quienes la han llevado se cuentan Carlos II (1661), Jorge V (1911), Jorge VI (1937), Isabel II (1953) y Carlos III (2023).

Descripción y simbología

La Corona de San Eduardo es una corona maciza de oro macizo, diseñada en el estilo coronacional tradicional con cuatro cruces paté y cuatro flores de lis alternadas, dos arcos que se cruzan sobre la copa y remate con un mundo (monde) y una cruz. Lleva un forro de terciopelo morado y una banda de armiño. Su diseño simboliza la autoridad real y la conexión entre la monarquía y la Iglesia en la unción y consagración del monarca.

Peso y materiales: la corona pesa alrededor de 2,23 kg (aprox. 71 oz 14 dwt) y está fabricada principalmente en oro, con incorporaciones de plata y platino en restauraciones. Para las coronaciones las piedras preciosas solían alquilarse —es decir, se tomaban en préstamo para el servicio— y después se devolvían; para su exhibición pública muchas de esas gemas fueron sustituidas por imitaciones o piedras semipreciosas. En 1911 se colocaron 444 piedras semipreciosas para su exposición pública. Entre los materiales y gemas utilizados o recreados en distintas intervenciones figuran: turmalinas, topacios, rubíes, amatistas, zafiros, granates, peridotos, circones, espinelas, aguamarinas, además de esmaltes, terciopelo y armiño.

Uso en la coronación

En la ceremonia tradicional de coronación, el arzobispo de Canterbury coloca la Corona de San Eduardo sobre la cabeza del monarca tras la unción, momento durante el cual se entona el himno tradicional y la asamblea aclama “Dios salve al Rey/Reina”. A continuación los príncipes, princesas, pares y paresas se colocan sus propias coronas o diademas; suenan trompetas y, como es costumbre, se dispara la salva real en la Torre de Londres. Tras la coronación suele seguir la entronización y el recibimiento del homenaje de clero, nobles y representantes del pueblo.

Conservación y exhibición

La Corona de San Eduardo forma parte de la Colección de Joyas de la Corona y se conserva habitualmente en la Torre de Londres, en la Jewel House, donde puede verse por el público entre actos oficiales. Debido a su valor histórico y a su delicadeza, solo se utiliza en el momento concreto de la coronación y bajo estrictas medidas de seguridad y conservación; fuera de ese uso suele exhibirse con gemas de sustitución para evitar el desgaste o la pérdida de piedras auténticas. Las restauraciones y ajustes que ha sufrido a lo largo de los siglos se han documentado para mantener su integridad y autenticidad tanto como sea posible.

Notas finales

  • Nombre: dedicada a San Eduardo el Confesor, figura regia y santa patrón de la monarquía inglesa medieval.
  • Función: corona del rito de consagración en la coronación.
  • Situación actual: pieza emblemática de las Joyas de la Corona, conservada y ocasionalmente usada en coronaciones modernas.