Isonoe o Júpiter XXVI es una luna irregular y no esférica de Júpiter. Fue descubierta por un equipo de la Universidad de Hawaii dirigido por Scott S. Sheppard en 2000, recibiendo inicialmente la designación provisional S/2000 J 6. Al igual que otras lunas pequeñas y alejadas de Júpiter, Isonoe sigue una órbita retrograda alrededor del planeta.

Órbita y características físicas

Isonoe tiene un diámetro estimado de unos 3,8 kilómetros. Su tamaño se calcula a partir del brillo observado y depende de la albedo asumida; por ello la cifra es aproximada. Orbita a una distancia media de aproximadamente 23.833.000 km de Júpiter, con un periodo orbital de 751,647 días (≈2,06 años). Presenta una inclinación de 166° respecto a la eclíptica (unos 169° respecto al ecuador de Júpiter) y una excentricidad orbital de 0,166. Estas características la sitúan entre las lunas exteriores irregulares, con una órbita altamente inclinada y excéntrica.

Nombre y mitología

Fue oficialmente bautizada en octubre de 2002 con el nombre de Isonoe, en referencia a una de las Danaides de la mitología griega, conocida por ser amante de Zeus (Júpiter). El uso de nombres mitológicos relacionados con Zeus/Júpiter sigue la convención para las lunas jovianas.

Grupo Carme

Isonoe pertenece al grupo Carme, un conjunto de satélites retrógrados y no esféricos que orbitan Júpiter a distancias comprendidas aproximadamente entre los 23.000.000 y los 24.000.000 km, con inclinaciones cercanas a los 165°. Los miembros de este grupo comparten parámetros orbitales similares, lo que sugiere un origen común: se piensa que provienen de la fragmentación de un único cuerpo progenitor capturado por Júpiter (posible colisión o rotura por fuerzas de marea), originando los fragmentos que hoy vemos como lunas del grupo.

Observación y relevancia científica

Como muchas lunas irregulares pequeñas, Isonoe es muy tenue y sólo es detectable con telescopios potentes y técnicas de observación adecuadas. Su estudio ayuda a comprender la historia de captura de objetos por Júpiter, la dinámica del sistema de satélites exteriores y los procesos de fragmentación y evolución orbital. Las observaciones continuas permiten refinar sus elementos orbitales y comprobar la estabilidad de su órbita a largo plazo.