Un disco intervertebral es una almohadilla situada entre las vértebras de la columna vertebral. Actúa como amortiguador y permite cierto grado de movilidad entre las vértebras, además de contribuir a la estabilidad de la columna al comportarse también como un ligamento que mantiene las piezas óseas unidas. Desde el punto de vista anatómico se considera una articulación fibrocartilaginosa.

Estructura

Cada disco intervertebral tiene tres componentes principales:

  • Anillo fibroso (anulus fibrosus): es la capa externa, formada por láminas concéntricas de fibras de colágeno tipo I y tipo II. El colágeno tipo I se concentra en la periferia, aportando mayor resistencia a la tensión, mientras que el colágeno tipo II es más abundante en las zonas internas, ofreciendo elasticidad.
  • Núcleo pulposo: el centro gelatinoso del disco. El núcleo pulposo contiene fibras sueltas suspendidas en un gel mucoproteico rico en agua, que le permite actuar como un cojín que distribuye las cargas entre las vértebras. Embriológicamente es el remanente de la notocorda.
  • Placas terminales cartilaginosas (cartílago vertebral): finas capas de cartílago hialino que separan el disco del hueso vertebral y permiten el intercambio de nutrientes por difusión.

Función

Las funciones principales del disco intervertebral son:

  • Absorber y distribuir las cargas mecánicas y los impactos durante actividades como caminar, correr o levantar peso.
  • Permitir movimientos limitados entre vértebras (flexión, extensión, inclinación lateral y rotación leve), contribuyendo a la movilidad global de la columna.
  • Mantener separación entre las vértebras, preservando el espacio para las raíces nerviosas y evitando compresiones.

Irrigación y nutrición

En el adulto el disco intervertebral es en gran medida avascular: las partes internas reciben nutrientes por difusión a través de las placas terminales cartilaginosas desde los cuerpos vertebrales adyacentes. Esta dependencia de la difusión hace que la reparación sea lenta y que los discos sean vulnerables al envejecimiento y a la degeneración cuando se altera la circulación o la estructura del cartílago endplate.

Cambios con la edad y patologías habituales

Con el tiempo y por factores mecánicos o genéticos, los discos pueden sufrir:

  • Degeneración discal: pérdida de agua y elasticidad del núcleo, fisuras en el anillo y reducción de la altura discal. Puede causar dolor crónico y rigidez.
  • Protusión o abombamiento discal: el disco se deforma y presiona estructuras adyacentes sin romper completamente el anillo.
  • Hernia discal: rotura parcial o total del anillo con salida del núcleo hacia el canal espinal, que puede comprimir raíces nerviosas y producir dolor radicular, hormigueo o debilidad.
  • Dolor axial y radicular: el disco degenerado o herniado puede ser fuente de dolor local (lumbalgia, cervicalgia) o de dolor irradiado a extremidades.

Factores de riesgo: edad, tabaquismo, sobrepeso, movimientos repetitivos, cargas pesadas, mala postura y predisposición genética.

Diagnóstico

Las pruebas de imagen más utilizadas son:

  • Resonancia magnética (RM): método de elección para valorar el contenido y la morfología del disco, hernias y compresión nerviosa.
  • Tomografía computarizada (TC): útil cuando hay contraindicaciones para RM o para valorar estructuras óseas con detalle.
  • Radiografías (rayos X): muestran la altura discal y la alineación vertebral, pero no visualizan bien el núcleo.

Tratamiento y prevención

La mayoría de los problemas discales se manejan inicialmente con medidas conservadoras:

  • Rehabilitación y fisioterapia para mejorar la fuerza muscular y la postura.
  • Analgésicos y antiinflamatorios para el control del dolor.
  • Infiltraciones (por ejemplo, epidurales) en casos de dolor radicular persistente.
  • Cambios en el estilo de vida: dejar de fumar, controlar el peso, corregir ergonomía y evitar cargas inadecuadas.

Si el tratamiento conservador falla o existe compresión neurológica severa (déficit motor progresivo, pérdida de control esfinteriano), puede considerarse cirugía: discectomía, microdiscectomía, fusión vertebral o sustitución protésica del disco en casos seleccionados.

Consejos prácticos para cuidar los discos

  • Mantener una vida activa con ejercicios de fortalecimiento del tronco y estiramientos.
  • Practicar técnicas de levantamiento adecuadas: flexionar rodillas y mantener la espalda recta.
  • Evitar el sedentarismo prolongado y corregir posturas estáticas.
  • Controlar peso y evitar el tabaco para preservar la hidratación y salud del disco.

En resumen, los discos intervertebrales son estructuras clave para la movilidad y la absorción de cargas de la columna vertebral; su integridad depende de factores mecánicos, biológicos y del estilo de vida, y sus alteraciones son una causa frecuente de dolor y discapacidad, aunque muchas veces pueden tratarse con medidas conservadoras y rehabilitadoras.