El Grupo D de la Copa Mundial de la FIFA 2014 estaba integrado por cuatro selecciones de gran tradición: Uruguay, Costa Rica, Inglaterra e Italia. Por el nivel de sus equipos y la historia reciente de varios de ellos, fue considerado por muchos como uno de los llamados “grupos de la muerte” del torneo.
La expectativa era alta, especialmente por la presencia de dos campeones del mundo como Inglaterra e Italia, además de Uruguay, una selección sudamericana siempre competitiva, y Costa Rica, que llegaba con un perfil más discreto pero con un bloque sólido, orden táctico y gran disciplina defensiva. En la previa, la mayoría de los pronósticos apuntaban a que europeos y sudamericanos pelearían por los dos cupos a octavos de final.
Sin embargo, el grupo terminó siendo una de las grandes sorpresas del Mundial. Costa Rica firmó una actuación histórica al ganar sus dos primeros partidos, primero ante Uruguay y luego frente a Italia, resultados que le permitieron asegurar la clasificación antes de la última jornada. Su empate contra Inglaterra cerró una fase de grupos memorable y la colocó como primera del grupo, algo impensado para muchos antes del inicio del torneo.
Uruguay, por su parte, reaccionó después de un mal arranque y consiguió imponerse a Inglaterra y a Italia en partidos clave, lo que le permitió avanzar a la siguiente ronda. La Celeste contó con figuras de peso y experiencia, y aunque no mostró su mejor versión en todos los encuentros, logró el objetivo de pasar a octavos.
En cambio, el torneo resultó decepcionante para Inglaterra e Italia. Ambas selecciones quedaron eliminadas en la fase de grupos pese a su prestigio internacional y a la calidad de sus plantillas. Los resultados confirmaron que, en una Copa del Mundo, la historia y el nombre no siempre bastan: la regularidad, la concentración y la eficacia en momentos decisivos marcan la diferencia.
Así, el Grupo D dejó una de las imágenes más recordadas del Mundial de Brasil 2014: la consagración de Costa Rica como gran revelación, el avance de Uruguay y la temprana despedida de dos potencias europeas. Fue un ejemplo claro de la intensidad y la imprevisibilidad que caracterizan al fútbol mundial.





