Arteriopatía periférica (EAP): qué es, síntomas, causas y tratamiento

Arteriopatía periférica (EAP): guía práctica sobre síntomas, causas y tratamientos para proteger tus piernas, prevenir complicaciones graves y mejorar la circulación.

Autor: Leandro Alegsa

La arteriopatía periférica (EAP) es una enfermedad de los vasos sanguíneos de las piernas causada por el estrechamiento u oclusión de las arterias que llevan sangre a las extremidades inferiores. Puede provocar dolor al caminar (claudicación intermitente) y, si progresa, úlceras, infecciones y pérdida de tejido que en casos graves puede requerir revascularización o incluso amputación. La EAP es una afección seria porque también indica un mayor riesgo de problemas cardiovasculares como infarto de miocardio y accidente cerebrovascular.

Cómo se llama

La EAP también se denomina enfermedad oclusiva arterial periférica (EOP), arteriopatía obliterativa periférica o enfermedad vascular periférica (EVP). Estos términos suelen usarse de manera intercambiable.

Síntomas

La gravedad y los síntomas varían según el grado de obstrucción. Los más frecuentes son:

  • Claudicación intermitente: dolor, calambres o sensación de cansancio en los músculos de las piernas al caminar, que mejora al descansar.
  • Dolor en reposo: dolor intenso en el pie o los dedos, especialmente por la noche, signo de enfermedad progresiva.
  • Heridas o úlceras que no cicatrizan en pies o dedos.
  • Piel fría y pálida en la pierna o el pie afectado; pérdida de pelo en la pierna.
  • Disminución o ausencia de pulsos en tobillo o pie.
  • Infecciones recurrentes en pies y lesiones que empeoran.

Causas y factores de riesgo

La causa más común es la aterosclerosis, acumulación de placa (grasa, colesterol, células inflamatorias) en la pared arterial que reduce el flujo sanguíneo. Otros mecanismos incluyen embolias, trombosis local o lesiones arteriales.

Los factores de riesgo principales son:

  • Tabaquismo (el factor de riesgo más importante).
  • Diabetes mellitus.
  • Hipertensión arterial.
  • Colesterol alto y dislipidemia.
  • Edad avanzada (más frecuente después de los 50–60 años).
  • Enfermedad renal crónica.
  • Antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular.
  • Obesidad y estilo de vida sedentario.

Diagnóstico

El diagnóstico comienza con la historia clínica y la exploración física (palpación de pulsos, inspección de piel y uñas). Las pruebas más utilizadas son:

  • Índice tobillo-brazo (ITB o ABI): comparación de la presión arterial en el tobillo y en el brazo; valores <0,90 sugieren EAP.
  • Ecografía Doppler arterial: valora el flujo sanguíneo y localiza estenosis.
  • Angio-TC o angio-RM: permiten visualizar la anatomía arterial con detalle.
  • Arteriografía convencional: prueba invasiva que se utiliza cuando se considera una intervención (angioplastia o bypass).
  • Análisis de sangre para evaluar glucemia, lípidos y función renal.

Tratamiento

El objetivo del tratamiento es aliviar síntomas, mejorar la capacidad para caminar, curar o prevenir úlceras y reducir el riesgo cardiovascular. Las medidas incluyen:

Medidas generales y de estilo de vida

  • Dejar de fumar: fundamental para frenar la progresión de la enfermedad.
  • Ejercicio supervisado: programas de caminata o rehabilitación vascular (típicamente 30–45 minutos, varias veces por semana) mejoran la claudicación.
  • Control estricto de diabetes, hipertensión y colesterol.
  • Alimentación saludable y pérdida de peso si procede.
  • Cuidado adecuado de la piel y de las uñas; evitar heridas y mantener el pie limpio y seco.

Medicamentos

  • Aspirina o clopidogrel: antiagregantes para reducir el riesgo de eventos cardiovasculares.
  • Estatinas: para controlar el colesterol y estabilizar la placa aterosclerótica.
  • Antihipertensivos: para mantener la presión arterial dentro de objetivos recomendados.
  • Fármacos para la claudicación: cilostazol puede mejorar la distancia de la marcha en pacientes seleccionados (no se usa en insuficiencia cardíaca congestiva).
  • Analgésicos y antibióticos cuando hay infección o dolor asociado a úlceras.

Procedimientos intervencionistas y quirúrgicos

Si los síntomas no mejoran con medidas conservadoras o hay riesgo de pérdida de la extremidad, se consideran las siguientes opciones:

  • Angioplastia percutánea (PTA) y colocación de stent: dilatación de la arteria estrechada mediante catéter; es la opción más frecuente en lesiones focales.
  • Bypass arterial: derivación quirúrgica usando injerto (propio o sintético) para rodear la zona obstruida; indicado en lesiones largas o cuando la angioplastia no es posible.
  • Trombólisis o embolectomía: en isquemia aguda por coágulo.
  • Desbridamiento y manejo especializado de heridas: importante cuando hay úlceras infectadas.
  • Amputación (parcial o total) como último recurso cuando la extremidad no es viable o hay infección que amenaza la vida.

Prevención

  • No fumar y evitar el humo de tabaco.
  • Controlar la diabetes, presión arterial y colesterol con dieta, ejercicio y medicación cuando se requiera.
  • Realizar ejercicio físico regular, en especial programas supervisados si ya existe claudicación.
  • Revisiones médicas periódicas si se tienen factores de riesgo.

Cuándo acudir al médico

  • Si aparece dolor en las piernas al caminar que cede con el reposo.
  • Si hay dolor en reposo, cambios en la coloración o temperatura del pie, o si aparecen úlceras que no cicatrizan.
  • Si la pierna o el pie se vuelven entumecidos, pálidos o fríos de forma súbita (posible isquemia aguda): acudir a urgencias.

Complicaciones y pronóstico

La EAP puede progresar y llevar a pérdida de tejido, infecciones graves y amputaciones si no se trata adecuadamente. Además, las personas con EAP tienen un mayor riesgo de sufrir infarto de miocardio y accidente cerebrovascular, por lo que la evaluación y manejo global del riesgo cardiovascular es esencial.

Un diagnóstico precoz, el abandono del tabaco, el ejercicio supervisado y el control de factores de riesgo mejoran significativamente los resultados. En muchos casos los tratamientos médicos y revascularizadores permiten reducir el dolor, acelerar la cicatrización de heridas y evitar la pérdida de la extremidad.

Un pie con mala PADZoom
Un pie con mala PAD



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