El pectus excavatum es una condición médica congénita en la que las costillas y el esternón crecen de forma anormal, produciendo un aspecto hundido en el pecho. Esto hace que el tórax parezca haberse hundido sobre sí mismo. También se conoce como "tórax en embudo" o "tazón de pecho". Es la forma más común de deformidad pectus, que se da en aproximadamente 1 de cada 300-400 nacimientos, con una proporción de predominio masculino de 3:1. Aunque el Pectus Excavatum se produce al nacer, a menudo no se desarrolla adecuadamente hasta la adolescencia temprana, cuando el crecimiento es más rápido.
Causas y factores de riesgo
No existe una única causa conocida, pero se aceptan varias influencias:
- Genética: puede darse en familias; hay asociación con síndromes de tejido conectivo como Marfan y, en menor medida, Ehlers‑Danlos.
- Desarrollo anómalo del cartílago costal: el crecimiento excesivo o desordenado del cartílago que conecta las costillas con el esternón empuja éste hacia dentro.
- Factores de crecimiento: empeora con los picos de crecimiento, por eso se hace más evidente en la adolescencia.
- Asociación con otras alteraciones: a veces aparece junto con escoliosis u otras malformaciones torácicas.
Síntomas
Los síntomas varían según la severidad:
- Estéticos: aspecto hundido del pecho, asimetrías, impacto en la imagen corporal.
- Respiratorios: sensación de falta de aire al hacer ejercicio, menor tolerancia al esfuerzo en casos moderados o severos.
- Cardíacos: en formas muy profundas puede haber compresión o desplazamiento del corazón, palpitaciones o intolerancia al ejercicio.
- Dolor o molestias: dolor torácico o sensibilidad en la zona anterior del pecho.
- Psicológicos: ansiedad, baja autoestima o evitación de actividades sociales por la apariencia.
Diagnóstico
El diagnóstico parte de la historia clínica y la inspección física; se confirman y cuantifican con pruebas:
- Exploración física: observación de la depresión esternal y posibles asimetrías.
- Radiografía de tórax: para valorar estructura ósea y cardiomediastino.
- Tomografía computarizada (TC) o resonancia (RM): permiten medir la profundidad y calcular el índice de Haller (diámetro transversal del tórax dividido por la distancia anteroposterior). Un índice >3,25 suele considerarse indicativo de deformidad significativa.
- Ecocardiograma: si hay sospecha de compresión cardíaca o síntomas cardiovasculares.
- Pruebas de función pulmonar: para valorar si existe afectación respiratoria.
Tratamiento
Las opciones dependen de la edad del paciente, la gravedad, los síntomas y la motivación estética o funcional.
Tratamiento conservador
- Observación: en formas leves sin repercusión funcional, seguimiento periódico.
- Fisioterapia y ejercicio: programas de fortalecimiento del tórax y postura, ejercicios respiratorios y de espalda que pueden mejorar la apariencia y la función respiratoria.
- Vacuum bell (campana de vacío): dispositivo no quirúrgico que crea succión sobre el esternón y puede corregir deformidades moderadas especialmente en niños y adolescentes con tórax flexible. Requiere uso frecuente y seguimiento médico.
- Soporte psicológico: terapia cuando existe impacto emocional o problemas de autoestima.
Tratamiento quirúrgico
Recomendado cuando existe compromiso funcional significativo, deformidad severa o gran repercusión psicológica. Las técnicas principales:
- Procedimiento de Nuss (mínimamente invasivo): se introduce por pequeñas incisiones una barra metálica curva bajo el esternón y se gira para elevar el pecho. Es frecuente en niños y adolescentes por su menor agresividad. La barra se deja habitualmente entre 2 y 4 años y luego se retira.
- Procedimiento de Ravitch (reparación abierta): resección de cartílagos costales deformados y reposicionamiento del esternón; puede ser necesario en deformidades muy asimétricas o recurrentes.
Ambos procedimientos pueden combinarse con técnicas adicionales según la anatomía. La decisión la toma el equipo multidisciplinar (cirujano torácico o pediátrico, cardiólogo, neumólogo y fisioterapeuta) y el paciente/familia.
Riesgos y complicaciones
- Dolor postoperatorio (habitualmente controlable con medicación y medidas analgésicas).
- Infección de la herida o del material implantado.
- Neumotórax o lesión pulmonar durante la intervención.
- Desplazamiento o rotación de la barra (en Nuss), que puede requerir corrección.
- Riesgo muy poco frecuente de lesión cardiaca o grandes vasos durante la cirugía.
Cuándo consultar al médico
- Si la deformidad progresa o genera molestias estéticas importantes.
- Si aparecen síntomas respiratorios (falta de aire, fatiga con el ejercicio) o palpitaciones.
- Cuando existe deterioro de la autoestima o problemas psicosociales relacionados con la apariencia.
- Para valorar opciones no quirúrgicas en niños y adolescentes (vacuum bell, fisioterapia) o para planificar una intervención en caso necesario.
Pronóstico
En general el pronóstico es bueno. Muchas personas con pectus excavatum leve viven sin limitaciones funcionales. La corrección (quirúrgica o con vacuum bell) suele mejorar la apariencia y, en pacientes con afectación funcional, puede mejorar la capacidad respiratoria y la tolerancia al ejercicio. La intervención temprana en pacientes con deformidades progresivas o con repercusión funcional/psicológica ofrece mejores resultados a largo plazo.
Recomendaciones prácticas
- Realizar evaluación especializada si la deformidad causa síntomas o preocupación estética importante.
- Considerar fisioterapia y programas de fortalecimiento de la musculatura torácica y postural como primera medida en casos leves a moderados.
- Informarse sobre ventajas y riesgos de las opciones quirúrgicas; buscar un equipo con experiencia en pectus excavatum.
- Atender el aspecto psicológico: la imagen corporal es relevante; el apoyo psicológico puede ser clave antes y después del tratamiento.
Si desea información adaptada a un caso concreto (edad, sintomatología, resultados de pruebas), consulte con un especialista en cirugía torácica o pediátrica para un plan individualizado.


