Reino de los Francos (s. V–IX): Origen, Clodoveo I y dinastía merovingia
Reino de los Francos (s. V–IX): origen, la conquista de Clodoveo I y la dinastía merovingia que forjó las raíces de Francia y Alemania tras el Tratado de Verdún.
Francia —conocida también como Reino de los Francos, Reino Franco o Imperio Franco— es el nombre con que se designa al conjunto político surgido en la Galia a partir del siglo V d.C. No fue una “provincia” romana fundada por un solo individuo, sino el resultado de la implantación de los pueblos francos —un conjunto de tribus germánicas— en territorios del antiguo Imperio romano de Occidente y de la progresiva construcción de un reino propio bajo líderes francos. El proceso de formación del reino queda tradicionalmente datado en torno al año 481–486, cuando el rey franco que consolidó el poder sobre los francos salios fue Clodoveo I (c. 466–511), figura central de los primeros siglos del reino. Tras la fragmentación del imperio carolingio, el Tratado de Verdún (843) dividió el espacio heredado y dio lugar, entre otras entidades, a Francia Occidental —antecedente directo de la Francia medieval y moderna— y a Francia Oriental, que evolucionó hacia lo que sería Alemania.
Orígenes y contexto
Tras la caída práctica del Imperio romano de Occidente (476), numerosos pueblos germánicos ocuparon y gobernaron partes del antiguo territorio romano. Los francos, procedentes de la cuenca del Rin, se asentaron en la Galia septentrional y central. Aprovecharon la supervivencia de instituciones romanas (ciudades, vías, administración local) y la influencia de la Iglesia para articular una autoridad propia. La fusión entre tradiciones romanas y costumbres germánicas configuró la base política, social y jurídica del futuro reino franco.
Clodoveo I: consolidación y conversión
Clodoveo I es la figura más importante de los inicios. Hijo de Childerico I, un jefe de los francos salios, Clodoveo heredó un núcleo de poder y lo amplió mediante conquistas internas y alianzas. Entre sus hitos principales están:
- La unificación de varias agrupaciones francas en torno a un poder centralizado.
- Conquistas contra reinos vecinos de la antigua Galia romana: la derrota de borgoñones y visigodos le permitió controlar amplias áreas galas.
- Su conversión al cristianismo niceno (católico) hacia 496–499, tradicionalmente asociada a la batalla de Tolbiac y al bautismo en Reims, que supuso un importante vínculo político con la Iglesia romana y el apoyo de las élites galorromanas.
La conversión de Clodoveo reforzó su legitimidad frente a súbditos romanos y germánicos y facilitó la integración de la élite episcopal en la estructura del reino.
La dinastía merovingia
Clodoveo dio inicio a la dinastía merovingia, llamada así por un supuesto antepasado Meroveo. Los merovingios reinaron aproximadamente desde finales del siglo V hasta mediados del siglo VIII. Algunas características relevantes del periodo merovingio:
- Organización política: el reino se gobernaba por reyes dinásticos que, en teoría, detentaban la soberanía pero con frecuencia delegaban poder en magnates locales y en los llamados mayordomos del palacio (mayores domus).
- Derecho: se codificaron leyes germánicas como la Lex Salica (ley salia), que regulaba aspectos civiles y penales y que tuvo influencia duradera en la sucesión y el derecho en la región.
- Cultura y administración: se dio una mezcla de estructuras romanas (ciudades, latín administrativo, fiscalidad) y prácticas germánicas (círculos de guerreros, prebendas), lo que fomentó una sociedad híbrida.
- Símbolo dinástico: los merovingios eran conocidos por el simbolismo del pelo largo de los reyes (se consideraba señal de legitimidad) y por rituales de investidura que combinaban elementos germánicos y cristianos.
Decadencia merovingia y ascenso de los mayordomos
Desde el siglo VII la autoridad real merovingia se debilitó. El poder efectivo pasó en muchos casos a manos de los mayordomos del palacio, administradores y militares que controlaban los recursos del reino. Familias como la de los Pippínidas (antecesores de los carolingios) acumularon poder político y militar. Personajes destacados de este proceso incluyen a Carlos Martel, quien consolidó el dominio de los mayordomos y detuvo la expansión musulmana en Europa occidental en la batalla de Poitiers (732).
Transición al poder carolingio
En 751, el mayordomo del palacio Pepino el Breve depuso al último rey merovingio formal, Childerico III, con la bendición del papa y de la nobleza. Este acto puso fin al gobierno efectivo de los merovingios y permitió la instauración de la dinastía carolingia, que llevaría a la coronación imperial de Carlomagno en el año 800 y a una reorganización política más amplia en la Europa occidental.
Legado
El Reino de los Francos (siglos V–VIII) dejó un legado duradero: la configuración política de la Galia como reino cristiano, la fusión cultural entre elementos romanos y germánicos que alimentó la formación de la Francia medieval, instituciones jurídicas como la Lex Salica, y la base sobre la que se construiría posteriormente el Imperio carolingio. El Tratado de Verdún (843), ya en época carolingia, repartió los territorios heredados y marcó el camino hacia la diferenciación entre Francia Occidental y Francia Oriental, precursores de los estados modernos de Francia y Alemania respectivamente.

La Galia, o el Imperio franco, fundado en 481 d.C. por Clodoveo l.
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